Tras hacerte el amor, sobre tu pecho,
como un niño y amante yo medito
en un paisaje mágico, infinito.
El amor y la carne en mismo lecho.
A veces somos aves, y dormito;
y allá donde el azul es vasto techo,
allá donde mi nido habría hecho,
a las cimas supremas yo te invito.
Si tu amor es intenso como el mío
—de esa clase que nunca el odio cala—,
y no el de una cualquiera por cualquiera;
entonces bajo nieve, viento y frío,
donde el pico más alto dará el ala
a mis alas de cóndor sin que muera.
© Claudio Madaires.
claudio.madaires@gmail.com
Última edición: