Julius 12
Poeta que considera el portal su segunda casa
libando en amorosos odres sepultados,
te escondes en la sentencia divina de tus
alas.
Para mover marionetas de dioses oscuros,
para morar en trenzas del mudo desamparo,
sólo apuesta al destino incierto.
O Sería mejor abandonar el brazo izquierdo a la
diosa que adivina con su mano la flor de loto.
La imagen estatuada merece súplicas de los
intrusos zambullidos en abluciones perennes.
El desconcierto del devenir proviene de la
cabellera de otro dios.
Sólo las almas libres deambularán en los
sueños de todos los tiempos.
Si lográsemos sellar nuestras cicatrices
será la señal de abandonar vanas pretensiones.
También la hora de enmudecer la impaciencia
y unificar este despertar iluminado para liberar
nuestras ansias de saber por qué fuimos creados.
te escondes en la sentencia divina de tus
alas.
Para mover marionetas de dioses oscuros,
para morar en trenzas del mudo desamparo,
sólo apuesta al destino incierto.
O Sería mejor abandonar el brazo izquierdo a la
diosa que adivina con su mano la flor de loto.
La imagen estatuada merece súplicas de los
intrusos zambullidos en abluciones perennes.
El desconcierto del devenir proviene de la
cabellera de otro dios.
Sólo las almas libres deambularán en los
sueños de todos los tiempos.
Si lográsemos sellar nuestras cicatrices
será la señal de abandonar vanas pretensiones.
También la hora de enmudecer la impaciencia
y unificar este despertar iluminado para liberar
nuestras ansias de saber por qué fuimos creados.
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