Bender Carvajal
Poeta recién llegado
Ella reconoce
la turbiedad del vacío
con la angustia clavada
en cierto rincón del pecho,
el Pacífico
desembocadura de lágrimas,
el lenguaje crepuscular
de la piel que se aprieta
hasta que se anula;
sabe de un hombre muerto
tras un poeta medio vivo,
sabe de cortejos
por Bustamante,
de cortejos fúnebres
en el mausoleo de los desamparos
Ella no tiene remedio
para la vida
que se ha vuelto gris,
y agoniza de hemorragias
transparentes en los ojos;
es una niña
que no supo qué hacer
con el amor
entre las manos,
y deambula por las noches
con su saco cargado
de versos y madrugadas,
adivinando estrellas
de aluminio en las alturas
que la ven pasar con pena,
como a una niña
inocente
que no supo
qué hacer con el amor
entre las manos.
Ella no tiene vocación
de ser amada,
tiene el corazón
impalpable, es cierto,
y peor aún no le caben las risas,
el gozo,
los poros abiertos
de par en par,
le cansa el asomo
incesante de la felicidad
y se boicotea
la paz concedida
por un montón
de nada.
Se revuelca
con los pies descalzos
como una pobre niña
entre las sobras
de quien se alimenta bien
y bajo la mesa le tira
una que otra
migaja de amor y pan.
Pero ella tuvo
el amor entre las manos,
conmigo lo tuvo,
como un oasis
y entonces
cual trueno
el alma se le vino al cuerpo
y el cardumen de su piel
nadó entre besos
y humedades
embriagantes
y me hizo rey
con su corona de labios ,
sintió el destello
digital de cada célula
volcánica,
prendió fuego
a la armonía
de sus pechos,
elevó el arco
de sus caderas
y sintió la tarde
penetrante
Besó, besó como nunca
con la boca hambrienta,
apretó con sus brazos
de jardín secreto,
y extendió la comarca
de sus piernas
como diciendo
bienvenido amor,
amor, amor, amor
amor como el que tuvo
mientras su voz suave
sobre la cama se dilataba
como una tenue palidez;
amor como el que tuvo
mientras iba
por la vida
sonriendo como una loca
que solo piensa en el amor;
el amor que le pintaba
los pasos,
el que alzaba los ojos,
del que se le nota
a una mujer
cuando es amada
y tiene amor,
amor del bueno,
del incansable,
del que nos hace
y no nos deja,
del que yo te tuve,
del que yo te di
Pero el que ama
no enamora,
quizás por eso
no estoy contigo
y no estaré contigo ,
y el amor que le di
hoy yace perplejo
y secundario
en este cuerpo momificado
tras un poeta irreverente
que amó a una mujer
que era una niña
que no supo
qué hacer con el amor
entre sus brazos.
la turbiedad del vacío
con la angustia clavada
en cierto rincón del pecho,
el Pacífico
desembocadura de lágrimas,
el lenguaje crepuscular
de la piel que se aprieta
hasta que se anula;
sabe de un hombre muerto
tras un poeta medio vivo,
sabe de cortejos
por Bustamante,
de cortejos fúnebres
en el mausoleo de los desamparos
Ella no tiene remedio
para la vida
que se ha vuelto gris,
y agoniza de hemorragias
transparentes en los ojos;
es una niña
que no supo qué hacer
con el amor
entre las manos,
y deambula por las noches
con su saco cargado
de versos y madrugadas,
adivinando estrellas
de aluminio en las alturas
que la ven pasar con pena,
como a una niña
inocente
que no supo
qué hacer con el amor
entre las manos.
Ella no tiene vocación
de ser amada,
tiene el corazón
impalpable, es cierto,
y peor aún no le caben las risas,
el gozo,
los poros abiertos
de par en par,
le cansa el asomo
incesante de la felicidad
y se boicotea
la paz concedida
por un montón
de nada.
Se revuelca
con los pies descalzos
como una pobre niña
entre las sobras
de quien se alimenta bien
y bajo la mesa le tira
una que otra
migaja de amor y pan.
Pero ella tuvo
el amor entre las manos,
conmigo lo tuvo,
como un oasis
y entonces
cual trueno
el alma se le vino al cuerpo
y el cardumen de su piel
nadó entre besos
y humedades
embriagantes
y me hizo rey
con su corona de labios ,
sintió el destello
digital de cada célula
volcánica,
prendió fuego
a la armonía
de sus pechos,
elevó el arco
de sus caderas
y sintió la tarde
penetrante
Besó, besó como nunca
con la boca hambrienta,
apretó con sus brazos
de jardín secreto,
y extendió la comarca
de sus piernas
como diciendo
bienvenido amor,
amor, amor, amor
amor como el que tuvo
mientras su voz suave
sobre la cama se dilataba
como una tenue palidez;
amor como el que tuvo
mientras iba
por la vida
sonriendo como una loca
que solo piensa en el amor;
el amor que le pintaba
los pasos,
el que alzaba los ojos,
del que se le nota
a una mujer
cuando es amada
y tiene amor,
amor del bueno,
del incansable,
del que nos hace
y no nos deja,
del que yo te tuve,
del que yo te di
Pero el que ama
no enamora,
quizás por eso
no estoy contigo
y no estaré contigo ,
y el amor que le di
hoy yace perplejo
y secundario
en este cuerpo momificado
tras un poeta irreverente
que amó a una mujer
que era una niña
que no supo
qué hacer con el amor
entre sus brazos.
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