arnoldo16
Poeta recién llegado
Cayó tu amor a mis pies como un CASTILLO de
arena, que habia sido derribado por la fuerza -
de la marea.
Se volvió liquido, que como un torrente busca-
bas el rio que en sus brazos te acogiese.
Intenté retenerte, pero... ya era tarde, y te--
fuistes diluyendote, envolviendote en el polvo
que provocaba, tu huida acelerada.
viendo que era imposible te dejé que marcharas,
sin seguirte... solo el SOL que destellaba, marca-
ba la sombra de tu cuerpo.
y dí la vuelta con el animo roto, el corazón herido,
y el alma llena de un pena, que envolvia el descon-
suelo.
una lagrima intentó salir entre mis parpados, pero
el calor de la mañana, la frenó en su caida, secando-
la.
mis pies me hablaron indicandome, que parado en
medio del camino no era nada, era solo un hombre
abandonado por su amada.
que tomara el rumbo, y que debia ponerme en mar-
cha.
y alli seguia parado en medio de la nada.
buscando en aquel cruce, las señales que me indicaran,
hacia donde debia dirigir mis pasos.
mientras...transcurria las manecillas del relog que mar-
caba el tiempo inexorable.
y dejé en manos de la suerte, que decidiera mi nuevo
destino, mi nuevo rumbo, saqué una moneda, y lanzan-
dola a lo alto, esperé que cayera en mi mano nuevamen-
te.
cara derecha... cruz ... izquierda.
y al voltearse quedó a la vista la cara.
y tomé el desvio de la derecha, perdiendome entre las
negruras de la noche, que me hizo invisible a mi mismo.
alejandome como el que huye a hurtadillas..
me perdí...
arena, que habia sido derribado por la fuerza -
de la marea.
Se volvió liquido, que como un torrente busca-
bas el rio que en sus brazos te acogiese.
Intenté retenerte, pero... ya era tarde, y te--
fuistes diluyendote, envolviendote en el polvo
que provocaba, tu huida acelerada.
viendo que era imposible te dejé que marcharas,
sin seguirte... solo el SOL que destellaba, marca-
ba la sombra de tu cuerpo.
y dí la vuelta con el animo roto, el corazón herido,
y el alma llena de un pena, que envolvia el descon-
suelo.
una lagrima intentó salir entre mis parpados, pero
el calor de la mañana, la frenó en su caida, secando-
la.
mis pies me hablaron indicandome, que parado en
medio del camino no era nada, era solo un hombre
abandonado por su amada.
que tomara el rumbo, y que debia ponerme en mar-
cha.
y alli seguia parado en medio de la nada.
buscando en aquel cruce, las señales que me indicaran,
hacia donde debia dirigir mis pasos.
mientras...transcurria las manecillas del relog que mar-
caba el tiempo inexorable.
y dejé en manos de la suerte, que decidiera mi nuevo
destino, mi nuevo rumbo, saqué una moneda, y lanzan-
dola a lo alto, esperé que cayera en mi mano nuevamen-
te.
cara derecha... cruz ... izquierda.
y al voltearse quedó a la vista la cara.
y tomé el desvio de la derecha, perdiendome entre las
negruras de la noche, que me hizo invisible a mi mismo.
alejandome como el que huye a hurtadillas..
me perdí...