Pilaresther
Poeta adicto al portal
¿Quién
sobre la mesa silenciosa y pálida
cuando no consigue dormir,
vence la terquedad de unos versos
que no adivinan
si el respiro
o la muerte
y se expanden bajo el silencio sordo de la noche?
¿Quién
atesora la luz
que aún húmeda,
asciende hasta lo impalpable?
¿Quién
conquista la fe
cuando al cerrar los ojos,
aparece de un solo trazo y sin retorno
con rostro y sonrisa culpable,
el amor que se ha ido?
¿Quiénes somos
después de la bendita manía de descorrer las puertas
las cortinas
las ventanas para que el amor se pose
y un vitral de fina textura lo engalane?
¿Qué diferencia tendría la luz del amanecer o de la tarde?
¿Qué importa ya haber compartido el pan, la tierra, el hilo frágil?
¡Qué importan ya los pechos desnudos sin piedras
sin sombras
sin murallas,
si quedó la palabra sola?
sobre la mesa silenciosa y pálida
cuando no consigue dormir,
vence la terquedad de unos versos
que no adivinan
si el respiro
o la muerte
y se expanden bajo el silencio sordo de la noche?
¿Quién
atesora la luz
que aún húmeda,
asciende hasta lo impalpable?
¿Quién
conquista la fe
cuando al cerrar los ojos,
aparece de un solo trazo y sin retorno
con rostro y sonrisa culpable,
el amor que se ha ido?
¿Quiénes somos
después de la bendita manía de descorrer las puertas
las cortinas
las ventanas para que el amor se pose
y un vitral de fina textura lo engalane?
¿Qué diferencia tendría la luz del amanecer o de la tarde?
¿Qué importa ya haber compartido el pan, la tierra, el hilo frágil?
¡Qué importan ya los pechos desnudos sin piedras
sin sombras
sin murallas,
si quedó la palabra sola?
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