El Amor...

John Mejía

Poeta asiduo al portal
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El amor…

Búscalo y encuéntralo.


A veces echa raíces y se esparce como la telaraña,

es como una mutación de la informática,

un vehículo donde se trasladan los sentimientos,

donde los besos recorren una 5ta Avenida,

y donde el cuerpo es sólo un instrumento.


Al amor le gusta jugar con la mente,

nos hace creernos bellos,

príncipes y princesas,

dos luceros ligados en el espíritu,

y un convulsivo vientre ardiendo,

una hombría desbocada,

testosterona y feromonas,

la danza de vientre,

labios y lengua entrelazados,

las manos siendo más creativas que nunca,

el pecho en brazas,

el sudor siendo testigo,

y un suspiro haciendo un punto suspensivo…


Al amor se le debe querer con cautela,

a veces nos hace sus marionetas,

sin voluntad propia,

sin identidad,

sin rumbo ni destino,

para siempre encallar en lo ancho del infinito,

movidos al ritmo de una hélice en el viento,

y un ancla arrastrada por un cometa.


El amor es incontenible,

sus tentáculos siempre nos alcanzan,

somos presas de sus encantos,

de ocasos y madrugadas,

de estadías en moteles,

de carcajadas y lágrimas,

del deseo encaprichado como el humo,

de sabores agri-dulces salidos de esa altiva entraña:

maratónico como sólo él.


El amor nos visita sin cita previa,

sin tapujos,

sin cédula de identidad,

sin salvoconducto,

es el todopoderoso.


 
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El amor…

Búscalo y encuéntralo.


A veces echa raíces y se esparce como la telaraña,

es como una mutación de la informática,

un vehículo donde se trasladan los sentimientos,

donde los besos recorren una 5ta Avenida,

y donde el cuerpo es sólo un instrumento.


Al amor le gusta jugar con la mente,

nos hace creernos bellos,

príncipes y princesas,

dos luceros ligados en el espíritu,

y un convulsivo vientre ardiendo,

una hombría desbocada,

testosterona y feromonas,

la danza de vientre,

labios y lengua entrelazados,

las manos siendo más creativas que nunca,

el pecho en brazas,

el sudor siendo testigo,

y un suspiro haciendo un punto suspensivo…


Al amor se le debe querer con cautela,

a veces nos hace sus marionetas,

sin voluntad propia,

sin identidad,

sin rumbo ni destino,

para siempre encallar en lo ancho del infinito,

movidos al ritmo de una hélice en el viento,

y un ancla arrastrada por un cometa.


El amor es incontenible,

sus tentáculos siempre nos alcanzan,

somos presas de sus encantos,

de ocasos y madrugadas,

de estadías en moteles,

de carcajadas y lágrimas,

del deseo encaprichado como el humo,

de sabores agri-dulces salidos de esa altiva entraña:

maratónico como sólo él.


El amor nos visita sin cita previa,

sin tapujos,

sin cédula de identidad,

sin salvoconducto,

es el todopoderoso.


Bella semblanza sobre el amor, me ha gustado amigo John. Un abrazo. Paco.
 

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