Solía regresar allí cada vez que los problemas eran demasiado grandes,
Quizá cuando yo me sentía suficientemente insuficiente para afrontarlos.
Puede que el anciano de mirada perdida
buscara entre en esas vistas la forma de encontrarse.
Allí postrado cual guerrero tras la derrota,
con no otra fijación en sus ojos que aquellas rosas,
con no otra marca que en su corazón que la de las espinas.
Espinas que no eran las de aquel rosal,
que no eran las que dejan cicatriz en piel.
Espinas eran de las que se clavan en el corazón
Y te rompen a la velocidad que lo hace el amor,
Poco a poco, sin darte cuenta,
Y cuando lo adviertes,
Siempre es ya demasiado tarde.
Solía regresar allí cada vez que los problemas eran demasiado grandes,
Quizá cuando yo me sentía suficientemente insuficiente para afrontarlos,
Puede que el anciano aquel,
El que vivía con un corazón desarmado
Y tan armado de dolor,
Esperaba que algún día volviese a él
La que había sido la flor de su vida,
Como volvían a florecer los árboles que él miraba tras el otoño,
Pero esperando aquello que no pasaría
Pasó su otoño,
Y llegó su invierno,
Demasiado dentro caló el frio,
Y sin llegar los primeros rayos de sol primaverales,
Allí se reencontró con su flor, en aquellos rosales.
Quizá cuando yo me sentía suficientemente insuficiente para afrontarlos.
Puede que el anciano de mirada perdida
buscara entre en esas vistas la forma de encontrarse.
Allí postrado cual guerrero tras la derrota,
con no otra fijación en sus ojos que aquellas rosas,
con no otra marca que en su corazón que la de las espinas.
Espinas que no eran las de aquel rosal,
que no eran las que dejan cicatriz en piel.
Espinas eran de las que se clavan en el corazón
Y te rompen a la velocidad que lo hace el amor,
Poco a poco, sin darte cuenta,
Y cuando lo adviertes,
Siempre es ya demasiado tarde.
Solía regresar allí cada vez que los problemas eran demasiado grandes,
Quizá cuando yo me sentía suficientemente insuficiente para afrontarlos,
Puede que el anciano aquel,
El que vivía con un corazón desarmado
Y tan armado de dolor,
Esperaba que algún día volviese a él
La que había sido la flor de su vida,
Como volvían a florecer los árboles que él miraba tras el otoño,
Pero esperando aquello que no pasaría
Pasó su otoño,
Y llegó su invierno,
Demasiado dentro caló el frio,
Y sin llegar los primeros rayos de sol primaverales,
Allí se reencontró con su flor, en aquellos rosales.