José de la Fuente
Poeta recién llegado
-Dime, ¿quién eres, mujer,
que vagas en blanco manto
en redor del camposanto
hasta ver el día nacer?
-Yo soy... nada, nada soy,
ni siquiera una criatura;
solamente la figura
de lo que fui y ya no soy.
Soy sólo niebla, efluvio fantasmal.
Mi lecho está perdido entre las losas,
tapizado de las marchitas rosas
que arranca el ululante vendaval.
Yo camino maldita entre las sombras,
sin saber qué poder me ha condenado,
qué causa tan injusta ha señalado
que fuera éste el pago de mis obras.
-Vente, conmigo, mujer.
-¿Qué dices? ¿No te doy miedo?
Sin querer, herirte puedo...,
¿y tú no me has de temer?
¿Qué es lo que quieres de mí?
Si es... amor, te equivocaste;
yo sólo puedo dañarte.
¡Vete, por favor, de aquí!
-Soy un espíritu puro;
vine desde el firmamento,
a cumplir un mandamiento...
Yo no le temo a lo oscuro,
porque la luz es mi ser,
mi propia naturaleza,
mi vigor y mi nobleza,
y a la luz he de volver.
A la luz vengo a llevarte,
donde tú siempre has soñado.
Deja el horror olvidado,
que el cielo quiere abrazarte.
No habrá más oscuridad,
ni lúgubres sepulturas.
Sólo verás hermosuras,
por toda la eternidad.
-Creo en tu palabra veraz,
en el designio divino.
Emprendamos el camino
que me lleva hasta la paz.
que vagas en blanco manto
en redor del camposanto
hasta ver el día nacer?
-Yo soy... nada, nada soy,
ni siquiera una criatura;
solamente la figura
de lo que fui y ya no soy.
Soy sólo niebla, efluvio fantasmal.
Mi lecho está perdido entre las losas,
tapizado de las marchitas rosas
que arranca el ululante vendaval.
Yo camino maldita entre las sombras,
sin saber qué poder me ha condenado,
qué causa tan injusta ha señalado
que fuera éste el pago de mis obras.
-Vente, conmigo, mujer.
-¿Qué dices? ¿No te doy miedo?
Sin querer, herirte puedo...,
¿y tú no me has de temer?
¿Qué es lo que quieres de mí?
Si es... amor, te equivocaste;
yo sólo puedo dañarte.
¡Vete, por favor, de aquí!
-Soy un espíritu puro;
vine desde el firmamento,
a cumplir un mandamiento...
Yo no le temo a lo oscuro,
porque la luz es mi ser,
mi propia naturaleza,
mi vigor y mi nobleza,
y a la luz he de volver.
A la luz vengo a llevarte,
donde tú siempre has soñado.
Deja el horror olvidado,
que el cielo quiere abrazarte.
No habrá más oscuridad,
ni lúgubres sepulturas.
Sólo verás hermosuras,
por toda la eternidad.
-Creo en tu palabra veraz,
en el designio divino.
Emprendamos el camino
que me lleva hasta la paz.