Tomacek
Poeta recién llegado
Una calmada turba en la vista
manifiesta la llegada de la noche orgullosa;
los pájaros de mis pupilas,
acurrucados en la retina,
han dejado de cantar sus frágiles emociones
y esperan tardíos la llegada del crepúsculo.
Los humanos rinden tributo al silencio,
el silencio rinde tributo a la Tierra;
es buen momento para confesiones,
para dejar volar los anhelos presos
en la enmarañada red del deseo.
Confieso
que practico regularmente el escapismo,
cada una y todas las veces
que te me apareces
en los recuerdos del devenir de esta ciudad maltratada;
en las personas que les faltas y me saludan
y, sin querer, me recuerdan lo que te quiero;
en los rincones en los que desaparecíamos
para que nos encontrara la vida
y nos contábamos, con las manos,
nuestras historias prohibidas;
en los cielos atentos y empolvados
que por todas partes nos seguían;
en la lluvia, nuestra amiga,
que tan fuerte florecía
para que te tuviera más cerca y así
poder coger y abrazarnos y decir ¿qué...?
en los poemas que no te escribí
pero que con los labios te besé
y en las ilusiones que me esperan
dulces como tu piel.
Ay linda, en tantísimas cosas que no se pueden ver
si no tienes bellos pájaros soñadores en los ojos.
manifiesta la llegada de la noche orgullosa;
los pájaros de mis pupilas,
acurrucados en la retina,
han dejado de cantar sus frágiles emociones
y esperan tardíos la llegada del crepúsculo.
Los humanos rinden tributo al silencio,
el silencio rinde tributo a la Tierra;
es buen momento para confesiones,
para dejar volar los anhelos presos
en la enmarañada red del deseo.
Confieso
que practico regularmente el escapismo,
cada una y todas las veces
que te me apareces
en los recuerdos del devenir de esta ciudad maltratada;
en las personas que les faltas y me saludan
y, sin querer, me recuerdan lo que te quiero;
en los rincones en los que desaparecíamos
para que nos encontrara la vida
y nos contábamos, con las manos,
nuestras historias prohibidas;
en los cielos atentos y empolvados
que por todas partes nos seguían;
en la lluvia, nuestra amiga,
que tan fuerte florecía
para que te tuviera más cerca y así
poder coger y abrazarnos y decir ¿qué...?
en los poemas que no te escribí
pero que con los labios te besé
y en las ilusiones que me esperan
dulces como tu piel.
Ay linda, en tantísimas cosas que no se pueden ver
si no tienes bellos pájaros soñadores en los ojos.