Noa
Poeta recién llegado
Sin saber que es más dulce,
el añil de la primera noche eterna
o el corinto del último atardecer,
dosifico mi cordura día a día
porque incesantemente, ya ves,
la agonía va carcomiendo la esperanza
El amargo optimismo de añorar sin llorar
en verdad es pesimismo enardecido por melancolía
o la esencia, simple y neutral de la ataraxia, sabia y fría
que deshace el requisito de intentar lo imposible
No hay nada más hermoso que un abstemio regocijado
ni nada más complaciente que un frugal satisfecho
La templanza es la emblema de una turbia mañana
en donde cuela lentamente el sol de la cordura
A veces hay que resignarse a las sombras de la sumisión
para lograr que cicatricen las marcas de un calor descontrolado
(Saberse reprochar bajo cadenas del olvido con tal de no acordar los agravios del hastío)
A veces es mejor vivir en la penumbra de la resignación
y poder vivir ignaro de las penas y ser libre de los vicios
y morirse por fragmentos y no en completa perdición
.
el añil de la primera noche eterna
o el corinto del último atardecer,
dosifico mi cordura día a día
porque incesantemente, ya ves,
la agonía va carcomiendo la esperanza
El amargo optimismo de añorar sin llorar
en verdad es pesimismo enardecido por melancolía
o la esencia, simple y neutral de la ataraxia, sabia y fría
que deshace el requisito de intentar lo imposible
No hay nada más hermoso que un abstemio regocijado
ni nada más complaciente que un frugal satisfecho
La templanza es la emblema de una turbia mañana
en donde cuela lentamente el sol de la cordura
A veces hay que resignarse a las sombras de la sumisión
para lograr que cicatricen las marcas de un calor descontrolado
(Saberse reprochar bajo cadenas del olvido con tal de no acordar los agravios del hastío)
A veces es mejor vivir en la penumbra de la resignación
y poder vivir ignaro de las penas y ser libre de los vicios
y morirse por fragmentos y no en completa perdición
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