rudyvaldenegro
Poeta recién llegado
En el borde de un pantano cenagoso, una tarde,
Cuando el sol llameaba, hallaste mi cuerpo malherido,
Oculto, tendido entre las hierbas venenosas, desviado
Del rumbo de la vida, inconsciente aún, magullado
Por las fieras armas de mis rivalidades,
Allí, las larvas del delirio incubaban sus huevos,
Allí, los cuervos de la agonía acechaban mis entrañas,
El panorama del pesimismo hacía estragos en mis sesos.
Pusiste hojitas de hierba en mis heridas, calmaste
La fiebre y la tos convulsiva,¡ con cuánta delicadeza
Depositaste las gasas allí, donde el amor lo requería!
Apaciguaste la sed, el hambre, estimulaste mis ficciones,
Comiste de mi propia vasija, perfumaste mis harapos,
Oíste mis apreciaciones hasta dormirte rendida,
Interpretaste mi silencio y mis extravíos.
¿Cuántas veces nos emborrachamos hasta perder la cordura?,
¿Cuántas veces, por las calles del pueblo, nos intoxicamos
Entre los extraños locos de la noche,
Bohemios, artesanos, artistas
O vampiros que se esfumaban al despuntar el alba.
Cargaste con el peso de mi cuerpo, en calidad de bulto
Hasta el cansancio, hasta el catre que nos sostenía
Mientras se obsesionaba tu vida de la mía,
Mientras perdía el control de mi destino,
Secuestrabas mi alma a fuerza de retener mi corazón,
Me oprimías el pecho y consumías mi aire,
Recortabas las alas de mi partida, cerrabas todas las salidas.
Tal vez estés pensando en todo esto, que soy un mal nacido,
El animal herido del pantano que un día rescataste,
Tal vez estés arrepentida de haber vertido tanto para nada,
Ahora que, ya ves, has abortado la idea del suicidio,
Examinando, en tanto, las cicatrices en mi piel de tus iras.
Donde quieras que estés recibe el beso sereno de mi gratitud
Que se recostará como una sombra en tu costado,
El amor que no nace de la imploración ni del ruego, ni del llanto
No siempre es recíproco, tal vez, tal vez lo hayas comprendido.
Cuando el sol llameaba, hallaste mi cuerpo malherido,
Oculto, tendido entre las hierbas venenosas, desviado
Del rumbo de la vida, inconsciente aún, magullado
Por las fieras armas de mis rivalidades,
Allí, las larvas del delirio incubaban sus huevos,
Allí, los cuervos de la agonía acechaban mis entrañas,
El panorama del pesimismo hacía estragos en mis sesos.
Pusiste hojitas de hierba en mis heridas, calmaste
La fiebre y la tos convulsiva,¡ con cuánta delicadeza
Depositaste las gasas allí, donde el amor lo requería!
Apaciguaste la sed, el hambre, estimulaste mis ficciones,
Comiste de mi propia vasija, perfumaste mis harapos,
Oíste mis apreciaciones hasta dormirte rendida,
Interpretaste mi silencio y mis extravíos.
¿Cuántas veces nos emborrachamos hasta perder la cordura?,
¿Cuántas veces, por las calles del pueblo, nos intoxicamos
Entre los extraños locos de la noche,
Bohemios, artesanos, artistas
O vampiros que se esfumaban al despuntar el alba.
Cargaste con el peso de mi cuerpo, en calidad de bulto
Hasta el cansancio, hasta el catre que nos sostenía
Mientras se obsesionaba tu vida de la mía,
Mientras perdía el control de mi destino,
Secuestrabas mi alma a fuerza de retener mi corazón,
Me oprimías el pecho y consumías mi aire,
Recortabas las alas de mi partida, cerrabas todas las salidas.
Tal vez estés pensando en todo esto, que soy un mal nacido,
El animal herido del pantano que un día rescataste,
Tal vez estés arrepentida de haber vertido tanto para nada,
Ahora que, ya ves, has abortado la idea del suicidio,
Examinando, en tanto, las cicatrices en mi piel de tus iras.
Donde quieras que estés recibe el beso sereno de mi gratitud
Que se recostará como una sombra en tu costado,
El amor que no nace de la imploración ni del ruego, ni del llanto
No siempre es recíproco, tal vez, tal vez lo hayas comprendido.
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