sergio Bermúdez
Poeta que considera el portal su segunda casa
El apellido del amor,
se hace entre sus horizontes
cuando amanece el sol.
En el alma de sus letras
vuelve la pasión
para mezclar el beso
con el oleaje de la fascinación.
Cuando en cada palabra
se encuentra la vela
que se extiende en cera.
Las luces de cada imagen
se hacen con el acento
de una letra
que empieza
desde una cadena
y termina
entre sus esposas
para llevar
al apellido
encadenado
y mostrado.
Los mundos de sus besos,
se cuelan entre cada rima
porque entre cada
llama de deseo
se hace la capa
y después se oculta
el rostro
para flotar en sus lágrimas,
porque la emoción
se tiene en cada signo,
en cada estribillo
que se acentúa
entre las miradas.
Cuando llueve el cielo
se ve que el apellido
empieza por su riqueza
que encuentra en el tiempo
y en el compás
de cada estribillo
a su razón
esa que encuentra
la llave de sus espejos.
El momento de su nombre
se alcanza desde el apellido
en ese amor
que reza entre sus sentimientos
sin que le tape la luz
porque de ahí se enseña
las manos
cuando estiran sus dedos
para acoger a su acento,
porque en las palabras
se quedan unidas
las voces de sus huellas
que al quedar
vírgenes
hace que el renacer
haga caso
al nombre
y que el amor
haga caso
a su apellido
para encontrar su otro nombre.
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