sergio Bermúdez
Poeta que considera el portal su segunda casa
El aplauso del Apocalipsis,
se tocan sus dedos en el ardor de un trueno,
cae entre dolores su amor al viento,
vuelve a estallar su ritmo entero,
cae su mirada,
se ahogan los besos,
es como si siempre se quitara al miedo,
es como un cielo que enciende el mechero,
se van sus labios
se rompen en un mundo de relámpagos,
la fiebre llena sus lados,
caen las palabras y no hay ni un amor que se crea mejor,
es como si todo doliera,
no hay rimas entre las laderas,
es como si todo huyera,
y la sangre al mundo atrajera,
aplauso del admirable,
y vuelve su figura en un trueno,
y los relámpagos arden,
y los sueños se funden,
y las miradas crean bailes,
y los bailes se colapsan
y vuelve el arte,
y vuelve el sueño,
es como si todo creara el aplauso,
es como si todo rompiera los labios musicales,
es como si cada palabra se encumbrara entre las ramas
que crecen en las tumbas,
ramas de calaveras
que arden entre los disparos de llamas vagabundas,
pues más allá de cada sorpresa y de cada aplauso,
no hay más que ver la lágrima
gritando en su condena
en un aplauso apocalíptico
que a todos nos queda.
se tocan sus dedos en el ardor de un trueno,
cae entre dolores su amor al viento,
vuelve a estallar su ritmo entero,
cae su mirada,
se ahogan los besos,
es como si siempre se quitara al miedo,
es como un cielo que enciende el mechero,
se van sus labios
se rompen en un mundo de relámpagos,
la fiebre llena sus lados,
caen las palabras y no hay ni un amor que se crea mejor,
es como si todo doliera,
no hay rimas entre las laderas,
es como si todo huyera,
y la sangre al mundo atrajera,
aplauso del admirable,
y vuelve su figura en un trueno,
y los relámpagos arden,
y los sueños se funden,
y las miradas crean bailes,
y los bailes se colapsan
y vuelve el arte,
y vuelve el sueño,
es como si todo creara el aplauso,
es como si todo rompiera los labios musicales,
es como si cada palabra se encumbrara entre las ramas
que crecen en las tumbas,
ramas de calaveras
que arden entre los disparos de llamas vagabundas,
pues más allá de cada sorpresa y de cada aplauso,
no hay más que ver la lágrima
gritando en su condena
en un aplauso apocalíptico
que a todos nos queda.
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