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El Apocalipsis de la imaginación, se queda el alma que no brota entre sus fantasías, así llega el cielo roto al pensamiento que queda enfermado de una luz con espinas.
Clavados los que oyen en el tiempo de un adiós sin libertad, así como si fueran dos coplas que no terminan, que caen en la cera fundiéndose con el fuego.
En mitad de la luz, se avecina el calvario, cuando dos respuestas no sean el dibujo de nuestra mente.
Cayendo boca abajo sin saber que hay al otro lado, en donde se posicionan las palabras para enfocar a las miradas.
Cuando la mente no pueda avanzar eso sería la ley del silencio absoluto.
No se ciñe el alma al cuerpo, ni su luz con el beso, porque sus latidos se cortan en un sueño.
Llegando a cada estación en cada trituración desde lo alto ha lo bajo no existe explicación, el adiós se va y no viene la fuerza, en un calvario que castiga a los mortales a los espíritus que no pueden volar, porque no tienen donde aprender, esos cuyos restos son humo invisible entre cada desafío que llega a la campanada del vencido.
En la más triste realidad, en ese tiempo que se descubre la razón de ir unido de encontrar a cada huella para despejarla entre cada ritmo pues cayendo entre cada puesto se metía el pensamiento entre una cantidad que no podía dar a la existencia de un Apocalipsis de imaginación, del fin de la creación entre las tormentosas separaciones del hoy y del mañana hasta quedarse en coma las letras, para que no puedan reivindicar la grandeza de la mente cuando se destruye porque no puede haber nada más que el más triste lamento que se escapa entre los aires sin llegar al alma porque antes no pasó por ser cuerpo cuando todo el mundo nace en carne y vive en muerto.
El Apocalipsis de la imaginación, se queda el alma que no brota entre sus fantasías, así llega el cielo roto al pensamiento que queda enfermado de una luz con espinas.
Clavados los que oyen en el tiempo de un adiós sin libertad, así como si fueran dos coplas que no terminan, que caen en la cera fundiéndose con el fuego.
En mitad de la luz, se avecina el calvario, cuando dos respuestas no sean el dibujo de nuestra mente.
Cayendo boca abajo sin saber que hay al otro lado, en donde se posicionan las palabras para enfocar a las miradas.
Cuando la mente no pueda avanzar eso sería la ley del silencio absoluto.
No se ciñe el alma al cuerpo, ni su luz con el beso, porque sus latidos se cortan en un sueño.
Llegando a cada estación en cada trituración desde lo alto ha lo bajo no existe explicación, el adiós se va y no viene la fuerza, en un calvario que castiga a los mortales a los espíritus que no pueden volar, porque no tienen donde aprender, esos cuyos restos son humo invisible entre cada desafío que llega a la campanada del vencido.
En la más triste realidad, en ese tiempo que se descubre la razón de ir unido de encontrar a cada huella para despejarla entre cada ritmo pues cayendo entre cada puesto se metía el pensamiento entre una cantidad que no podía dar a la existencia de un Apocalipsis de imaginación, del fin de la creación entre las tormentosas separaciones del hoy y del mañana hasta quedarse en coma las letras, para que no puedan reivindicar la grandeza de la mente cuando se destruye porque no puede haber nada más que el más triste lamento que se escapa entre los aires sin llegar al alma porque antes no pasó por ser cuerpo cuando todo el mundo nace en carne y vive en muerto.
Que imaginación el de un Apocalipsis, versos muy bien construidos con un cierto aroma de melancolía, te dejo estrellas y te deseo lo mejor para el 2012