Quintañón era aquel que enarbolaba,
contenía yo el resuello
ya que la pasión destructora acechaba,
me abracé a él
y tres brazos más alargados
no podían abarcarlo
de su grosor extraño,
Con corazones delineantes de amantes
que determinaron que fuera certificado
el sello de amor que allí posaban.
Miraba esos sentimientos y dañaban,
ya que las llamas, se acercaban
y los que rasgaron su corteza
para grabar entrelazados en abrazos sus deseos,
terminarían como ese árbol jerárquico.
Serían rescoldos, cenizas y después olvido,
¡no podía ser lícito!
Pero Eolo, el dios del viento,
al verme apurada y con lamentos
suplicando al aire que no avanzara
giró de inmediato la brisa,
se salvo el centenario y sus testigos,
aquellos, que se amaron bajo su cobijo.
contenía yo el resuello
ya que la pasión destructora acechaba,
me abracé a él
y tres brazos más alargados
no podían abarcarlo
de su grosor extraño,
Con corazones delineantes de amantes
que determinaron que fuera certificado
el sello de amor que allí posaban.
Miraba esos sentimientos y dañaban,
ya que las llamas, se acercaban
y los que rasgaron su corteza
para grabar entrelazados en abrazos sus deseos,
terminarían como ese árbol jerárquico.
Serían rescoldos, cenizas y después olvido,
¡no podía ser lícito!
Pero Eolo, el dios del viento,
al verme apurada y con lamentos
suplicando al aire que no avanzara
giró de inmediato la brisa,
se salvo el centenario y sus testigos,
aquellos, que se amaron bajo su cobijo.
_wake_