Orfelunio
Poeta veterano en el portal
El Arcipreste enamorado
o el galgo corredor
Me contento con tener
de tu amor sólo una amiga,
que por más pedir yo sé
que a tu amor nada lo obliga.
Tú serás la bella aurora,
yo seré de sol creciente,
que amarás si te enamora
este pobre pretendiente.
Si me enfermas de placer
cuando pasa tu envoltura,
se me incrusta entre mi ser
y el remedio no es la cura.
Sanará mi insania triste
cuando el trapo ondee alegre;
hecho un príncipe del este
mi bandera amor no quiebre.
Por el mar navega al acto
un pirata del caribe
para ver a su princesa;
en las olas yo me jacto
porque el agua sabe a fresa,
y en las nadas que recibe,
si hace falta puede al tacto
navegar por tu arrecife.
Qué torrente es tu mirada
cuando el fuego brilla intenso,
que me quemo con su espada
y me dejas indefenso.
No me apuntes con tus besos,
clávalos al corazón,
que tus labios son dos cielos
y tus pechos mi oración.
Cuando me fui hacia el celeste
suplicando la excelencia,
pude verme de arcipreste
con poesía de eminencia.
Ya vienen huracanados,
y también dejan polares,
esos fuegos que volcánicos
han marchado en tus rodares.
Eres tú mi princesita,
yo plebeyo te secuestre,
para ser como el de Hita
monasterio de tu hueste.
No hace falta que repita:
sin mi sol nunca te acuestes,
que una flor sólo palpita
por el sol que más la apreste.
Que don Júpiter me asista
en el tercio que es la vida,
don amor no se resista
en la doña Venus mía.
Una parte está soñando
la otra vive simple vida,
el amor es recio amando,
y la muerte es parte ida.
Cuando el hombre se despierta
al amor que a todos llama,
que no tenga por desierta,
virgen pura que me inflama.
Tu calor sólo abandero
con permiso del señor,
para ser del caballero
tu mejor consolador.
Tú eres yegua blanca y viva,
yo soy potro del Tabor,
ni una biblia fuera arriba
de escribano faraón.
Toma el pan mi buen Judía
de este atado pecador,
a la cinta ave maría
que es rosario de valor.
Me escucharon los arcángeles,
y Miguel que es el de honor,
con los coros de Bramante
fueron cánticos al sol.
Una lluvia nos caía
como gotas de rocío,
fuiste tú la que quería
beber agua de mi río.
Tan a gusto te daría
todo el mar si fuera mío,
que te tengo la valía
esperándote amor mío.
Vecina mi vecinita,
te dije que por tu amor,
fueras solo la miguita,
y si estoy que abrasador,
sólo espero a la bendita
como un galgo corredor.