El aroma de las 18:00

La tarde de aquel domingo voló,
floto y se quedó enredada,
sobre la popa de ése árbol gigante,
que desde pequeña siempre me recordó a mi abuelo.
Las estaciones acontecen,
pero los sentimientos metamorfosean dentro de tu sonrisa,
o quizas, fue la mía.

Noviembre me hace reprogramar recuerdos,
y las hojas nuevas de los árboles,
que se asoman durante la tarde,
para ver a las flores modelar sus colores,
se ríen acompañadas por la brisa.
Aquella que sigue teniendo tu perfume,
tu misma y exacta esencia invisible.
Si,
como ese príncipe de dorados cabellos,
que Antoine me narra entre letras y posee tus mismos ojos.

Observo porque hay demasiado para ver,
escucho a las aves que se alejan mirando siempre hacia el horizonte,
y es en ese mismo punto en donde suelo encontrarte,
para saber que volveré a buscarte prontamente.
Porque el mañana no pide permiso a los planes,
que formula la mente inocente.
Es y sucede como todo lo que pasa,
ahora y cuando no estás.
Pero sigo imaginando como niña,
que si cierro los ojos como cada noche,
volveré a verte.

La noche comienza a bañar el cielo,
y las ranas cantan al son de los rayos,
que rozan todo lo existente,
la dama de blanco que nos ve desde arriba.
En sus vestimentas escucho fábulas,
y me apoyo sobre el árbol que aún sigue siendo gigante.
Aquel que me habla de ti,
y que suele cantarme en las noches de luna llena,
canciones que me saben a tus dulce mirar.
Y es que hoy es noche de luna llena,
y la canción en mis oídos sigue ahogando lágrimas cristalinas,
con un gusto empalagoso.
 
La tarde de aquel domingo voló,
floto y se quedó enredada,
sobre la popa de ése árbol gigante,
que desde pequeña siempre me recordó a mi abuelo.
Las estaciones acontecen,
pero los sentimientos metamorfosean dentro de tu sonrisa,
o quizas, fue la mía.

Noviembre me hace reprogramar recuerdos,
y las hojas nuevas de los árboles,
que se asoman durante la tarde,
para ver a las flores modelar sus colores,
se ríen acompañadas por la brisa.
Aquella que sigue teniendo tu perfume,
tu misma y exacta esencia invisible.
Si,
como ese príncipe de dorados cabellos,
que Antoine me narra entre letras y posee tus mismos ojos.

Observo porque hay demasiado para ver,
escucho a las aves que se alejan mirando siempre hacia el horizonte,
y es en ese mismo punto en donde suelo encontrarte,
para saber que volveré a buscarte prontamente.
Porque el mañana no pide permiso a los planes,
que formula la mente inocente.
Es y sucede como todo lo que pasa,
ahora y cuando no estás.
Pero sigo imaginando como niña,
que si cierro los ojos como cada noche,
volveré a verte.

La noche comienza a bañar el cielo,
y las ranas cantan al son de los rayos,
que rozan todo lo existente,
la dama de blanco que nos ve desde arriba.
En sus vestimentas escucho fábulas,
y me apoyo sobre el árbol que aún sigue siendo gigante.
Aquel que me habla de ti,
y que suele cantarme en las noches de luna llena,
canciones que me saben a tus dulce mirar.
Y es que hoy es noche de luna llena,
y la canción en mis oídos sigue ahogando lágrimas cristalinas,
con un gusto empalagoso.

Un poema que cuelga del horizonte la mirada y esboza una esperanza hablándole a la luna.
Me agradó leerte
Saludos
 

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