Nommo
Poeta veterano en el portal
Me enseñaron a sufrir,
y ahora, cada vez que me enrabieto,
y me tiro de los pelos,
me crecen de inmediato,
y con ellos, puedo tejer
diversas prendas de vestir.
¡ Hay que ver lo que aprendí !
Castaño obscuro, caoba,
cobrizo o dorado.
Pelirrojo, canoso, plateado...
Negro azabache, pringoso o con gomina,
¡ Camino por donde ningún ser carnal camina !
Me crecen pelos por la espalda,
y también, por dentro la nariz.
Como al abominable hombre de las nieves...
Las Hilanderas de Velázquez,
me esperan, como agua de Mayo.
Pues en Abril, aguas mil.
Y con mis pelambreras,
pueden tejer un buen sayo.
De los sobacos, penden dos nidos enormes
que llegan hasta el suelo.
Creo yo que se rascan la cabeza,
preguntándose, desde el cielo,
¿ Qué pasó con ese nieto ?
Mis cuatro abuelos.
¡ Nidos hechos de pelos ensortijados !
¡ Nidos para los huevos !
Huevos de oro, que arrastro,
como árbol de Navidad.
Las bolas de Dragón.
Me otorgan Derecho a la Intimidad.
En definitiva: Soy feliz.
Arrastrando mis melenas,
puedo barrer y fregar las calles.
No se me escapa ningún detalle,
dado que hasta mis cejas
captan polvo atmosférico, insectos
de todo tipo, y la visita de las abejas.
¡ No sé de qué me quejo !
y ahora, cada vez que me enrabieto,
y me tiro de los pelos,
me crecen de inmediato,
y con ellos, puedo tejer
diversas prendas de vestir.
¡ Hay que ver lo que aprendí !
Castaño obscuro, caoba,
cobrizo o dorado.
Pelirrojo, canoso, plateado...
Negro azabache, pringoso o con gomina,
¡ Camino por donde ningún ser carnal camina !
Me crecen pelos por la espalda,
y también, por dentro la nariz.
Como al abominable hombre de las nieves...
Las Hilanderas de Velázquez,
me esperan, como agua de Mayo.
Pues en Abril, aguas mil.
Y con mis pelambreras,
pueden tejer un buen sayo.
De los sobacos, penden dos nidos enormes
que llegan hasta el suelo.
Creo yo que se rascan la cabeza,
preguntándose, desde el cielo,
¿ Qué pasó con ese nieto ?
Mis cuatro abuelos.
¡ Nidos hechos de pelos ensortijados !
¡ Nidos para los huevos !
Huevos de oro, que arrastro,
como árbol de Navidad.
Las bolas de Dragón.
Me otorgan Derecho a la Intimidad.
En definitiva: Soy feliz.
Arrastrando mis melenas,
puedo barrer y fregar las calles.
No se me escapa ningún detalle,
dado que hasta mis cejas
captan polvo atmosférico, insectos
de todo tipo, y la visita de las abejas.
¡ No sé de qué me quejo !
Última edición: