La Sexorcisto
Lluna V. L.
Nuestro querido acalde joker
tubo la brillante idea
de contratar a una empresa
de patinetes eléctricos como medio
alternativo de transporte.
El primer día todo bien,
los patines estaban distribuidos y ordenados
por puntos estratégicos de la ciudad,
la gente empezaba a descubrir
cómo funcionaban, todo muy mono.
El segundo día la cosa empezó a joderse,
todos los patinetes empezaban a estar
desordenados y tirados por las aceras,
las abuelitas tropezaban y se caían,
los usuarios chocaban y se descalabraban
El tercero todo empeoró,
había montones por todos los lados entorpeciendo el paso
la gente no podía salir con los niños ni sacar a los perros,
las pilas eran como barricadas
y había soldados atrincherados con uniformes napoleónicos
disparando pólvora al que pasaba
era imposible pedir comida al Burger King o por Glovo,
el olor a pedo del azufre condensaba el aire
todo estaba hecho un desastre.
Pero el cuarto fue el peor,
empezaron a salir unidades en los vasos de cerveza
en los platos de comida, en los bocadillos del trabajo,
los ciudadanos miraban debajo del sobaco y tenían uno ahí,
hasta en las bragas y calzones aparecían,
se armó un buen quilombo y la ciudad se quedó sin ley,
por la tarde algunas personas cuando hablaban
sacaban patines por la boca
y al llegar la noche ya casi todo el mundo
los extraían además por la nariz o el culo,
los pobres desgraciados intentaban aguantarse la ganas de estornudar y evacuar
pero no podían luchar contra el mal.
Así, el ataque de los patinetes eléctricos
fue dejando una colosal hacina que aplastaba a todo Cristo
y la gente murió rápidamente, compactada por el peso,
la luna adoptó la forma de T, ya no había ciudad.
tubo la brillante idea
de contratar a una empresa
de patinetes eléctricos como medio
alternativo de transporte.
El primer día todo bien,
los patines estaban distribuidos y ordenados
por puntos estratégicos de la ciudad,
la gente empezaba a descubrir
cómo funcionaban, todo muy mono.
El segundo día la cosa empezó a joderse,
todos los patinetes empezaban a estar
desordenados y tirados por las aceras,
las abuelitas tropezaban y se caían,
los usuarios chocaban y se descalabraban
El tercero todo empeoró,
había montones por todos los lados entorpeciendo el paso
la gente no podía salir con los niños ni sacar a los perros,
las pilas eran como barricadas
y había soldados atrincherados con uniformes napoleónicos
disparando pólvora al que pasaba
era imposible pedir comida al Burger King o por Glovo,
el olor a pedo del azufre condensaba el aire
todo estaba hecho un desastre.
Pero el cuarto fue el peor,
empezaron a salir unidades en los vasos de cerveza
en los platos de comida, en los bocadillos del trabajo,
los ciudadanos miraban debajo del sobaco y tenían uno ahí,
hasta en las bragas y calzones aparecían,
se armó un buen quilombo y la ciudad se quedó sin ley,
por la tarde algunas personas cuando hablaban
sacaban patines por la boca
y al llegar la noche ya casi todo el mundo
los extraían además por la nariz o el culo,
los pobres desgraciados intentaban aguantarse la ganas de estornudar y evacuar
pero no podían luchar contra el mal.
Así, el ataque de los patinetes eléctricos
fue dejando una colosal hacina que aplastaba a todo Cristo
y la gente murió rápidamente, compactada por el peso,
la luna adoptó la forma de T, ya no había ciudad.