Hoy me fijé en tu balcón
y ya no estabas allí.
Alguien me dijo
que a otro lugar te has ido.
Mi corazón dio un vuelco
porque las mañanas
ya no serán lo mismo.
Desde mi casa
no veré como al día saludabas
con tu sonrisa alegre y espontánea.
Nunca te dije mi nombre,
aunque el tuyo conocía;
sólo nos dijimos
en todo este tiempo
una docena de palabras.
Me contentaba con amarte
desde la distancia.
Tú ignorabas
como posaba en ti
mi mirada;
nunca me atreví lo bastante
a acercarme y confesarte
lo mucho que te apreciaba.
Eras una luz cercana
que entibiaba los recuerdos
provocados por desengaños varios,
porque en ti yo depositaba la fragancia
de la lejana infancia
y te adorné con la claridad
del mismo cielo
dedicando a tu imagen
las plegarias que se dirigen
a una divinidad santa.
Me comporté de forma infantil,
lo reconozco;
pero esta sensación
me hizo durante meses
verdaderamente feliz
y no cambiaría este espejismo
por verdades tangibles
que al foso más profundo me arrojaron
en fechas no muy lejanas.
De los sueños se despierta
y hoy me ha tocado despertar.
Mi musa se ha difuminado
como una imagen
en el agua reflejada.
Pero fue dulce amar
sin pedir nada,
sin reclamos,
sin palabras que te mientan,
abierto a la esperanza
de un balcón
que se abre al viento.
Te deseo lo mejor,
mi desconocida amada,
mientras atesoro en mi interior
todo lo que me provocaste,
bueno y puro,
como el beso de una mariposa
sobre una flor, cuyos pétalos.
se despiertan al alba.
y ya no estabas allí.
Alguien me dijo
que a otro lugar te has ido.
Mi corazón dio un vuelco
porque las mañanas
ya no serán lo mismo.
Desde mi casa
no veré como al día saludabas
con tu sonrisa alegre y espontánea.
Nunca te dije mi nombre,
aunque el tuyo conocía;
sólo nos dijimos
en todo este tiempo
una docena de palabras.
Me contentaba con amarte
desde la distancia.
Tú ignorabas
como posaba en ti
mi mirada;
nunca me atreví lo bastante
a acercarme y confesarte
lo mucho que te apreciaba.
Eras una luz cercana
que entibiaba los recuerdos
provocados por desengaños varios,
porque en ti yo depositaba la fragancia
de la lejana infancia
y te adorné con la claridad
del mismo cielo
dedicando a tu imagen
las plegarias que se dirigen
a una divinidad santa.
Me comporté de forma infantil,
lo reconozco;
pero esta sensación
me hizo durante meses
verdaderamente feliz
y no cambiaría este espejismo
por verdades tangibles
que al foso más profundo me arrojaron
en fechas no muy lejanas.
De los sueños se despierta
y hoy me ha tocado despertar.
Mi musa se ha difuminado
como una imagen
en el agua reflejada.
Pero fue dulce amar
sin pedir nada,
sin reclamos,
sin palabras que te mientan,
abierto a la esperanza
de un balcón
que se abre al viento.
Te deseo lo mejor,
mi desconocida amada,
mientras atesoro en mi interior
todo lo que me provocaste,
bueno y puro,
como el beso de una mariposa
sobre una flor, cuyos pétalos.
se despiertan al alba.