Allí, recostada en el balcón,
oprimidos tus panales sobre el muro,
impregnando las verjas con tu cuerpo,
mientras cuentas las horas con apuro.
Y yo, esperando ansioso desde abajo
la hora apropiada del crepúsculo
bebiendo el viento salobre de la playa,
colgando mi paciencia en la espera sin límites.
Yo sé que habrá una hora en que la ciudad se duerma,
que se apagarán lentamente las luces de la noche
y los gritos de los niños jugando en las aceras;
y dejarán las madres de cambiar los pañales
y perderán el recato ante el lecho que espera.
Yo estaré aguardándote donde nadie lo note
ya no en el balcón pero sí tras la puerta
y una sirena aislada deflorará la noche
mientras voy devorando las escalera en ascenso
y algún perro lejano me ladra en el silencio.
Serás distinta hoy como lo has sido siempre
en esta misteriosa prolongación de un sueño;
estarás avivando la hoguera del deseo
y yo iré descubriendo tus parajes remotos.
Este deseo nuestro guardado desde siempre,
trémulo homenaje de la piel en los dedos;
tierno como el helecho bajo las hojas húmedas
con la emoción ansiosa de un leve sufrimiento.
Serán ésas las horas más lejanas del día
en la fértil caverna de tu sueño y mi sueño,
y antes que el sol ascienda con su pesado esfuerzo
cerrando el dorado arcón de los secretos,
descenderé mi cuerpo vacío hasta las calles
húmedas de rocío, solemnes y en silencio.
Lamerán tu ventana los destellos del día
mientras todos ignoran tu escondido misterio.
Yo pasaré el día trabajando y soñando,
tú transcurrirás con premura las horas,
esperando la cita, el balcón y la noche
y mis pasos velados subiendo la escalera.
oprimidos tus panales sobre el muro,
impregnando las verjas con tu cuerpo,
mientras cuentas las horas con apuro.
Y yo, esperando ansioso desde abajo
la hora apropiada del crepúsculo
bebiendo el viento salobre de la playa,
colgando mi paciencia en la espera sin límites.
Yo sé que habrá una hora en que la ciudad se duerma,
que se apagarán lentamente las luces de la noche
y los gritos de los niños jugando en las aceras;
y dejarán las madres de cambiar los pañales
y perderán el recato ante el lecho que espera.
Yo estaré aguardándote donde nadie lo note
ya no en el balcón pero sí tras la puerta
y una sirena aislada deflorará la noche
mientras voy devorando las escalera en ascenso
y algún perro lejano me ladra en el silencio.
Serás distinta hoy como lo has sido siempre
en esta misteriosa prolongación de un sueño;
estarás avivando la hoguera del deseo
y yo iré descubriendo tus parajes remotos.
Este deseo nuestro guardado desde siempre,
trémulo homenaje de la piel en los dedos;
tierno como el helecho bajo las hojas húmedas
con la emoción ansiosa de un leve sufrimiento.
Serán ésas las horas más lejanas del día
en la fértil caverna de tu sueño y mi sueño,
y antes que el sol ascienda con su pesado esfuerzo
cerrando el dorado arcón de los secretos,
descenderé mi cuerpo vacío hasta las calles
húmedas de rocío, solemnes y en silencio.
Lamerán tu ventana los destellos del día
mientras todos ignoran tu escondido misterio.
Yo pasaré el día trabajando y soñando,
tú transcurrirás con premura las horas,
esperando la cita, el balcón y la noche
y mis pasos velados subiendo la escalera.