versos rotos
La poesía es el cristal a través del que miro.
36
El banco y yo
Nos quedamos los dos, querido banco,
recibiendo los lances del otoño,
ambos perdidos cual recién retoño
que sacaron del dulce vientre estanco.
Tu, que alcanzaste ayer el alto cielo,
y soñaba tu verde con lo eterno,
derrotado te ves, tras el infierno
de las sierras y clavos, ¡yerto anhelo!
Yo, que ni sombra soy de ‘otroras’ luces,
sentado sobre ti dejo también,
vencido, que el caer foliar me inunde.
Hemos dado los dos, rotos de bruces,
lo que supimos dar, quizá mal que bien.
Toca ahora que el final nos circunde
El banco y yo
Nos quedamos los dos, querido banco,
recibiendo los lances del otoño,
ambos perdidos cual recién retoño
que sacaron del dulce vientre estanco.
Tu, que alcanzaste ayer el alto cielo,
y soñaba tu verde con lo eterno,
derrotado te ves, tras el infierno
de las sierras y clavos, ¡yerto anhelo!
Yo, que ni sombra soy de ‘otroras’ luces,
sentado sobre ti dejo también,
vencido, que el caer foliar me inunde.
Hemos dado los dos, rotos de bruces,
lo que supimos dar, quizá mal que bien.
Toca ahora que el final nos circunde
Del libro en ciernes "Caminos interiores"
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