El bazar

Jacobino

Poeta recién llegado
Beso tus piernas de piel tan suave
mientras ausentes los dos no sabemos
que hacemos, eso sucede en el bazar
donde todo se compra y se vende.
Cuando acaricio el pelo más brillante,
la negra melena que me cubre el rostro,
cuando paseo mis dedos
por unos senos tan rosas,
que son suaves rutas hacia un cielo clavado
en una blanca pared, cuando unos labios
rojos cual un infierno rastrean mi piel,
tan sucios, burdos y vulgares...
Tantas ternuras, tantos silencios
que escupen las pieles al atardecer,
es un desamor tan grande y vacío
el que cabe en ese lugar, tienda que presta
con un bajo interés, material tan preciado
a los marineros que no tienen puerto
donde atracar...
Hace tanto frío dentro y fuera,
en ese local de luz macilenta,
en las calles de los arrabales,
donde nadie pasea y te ladran los perros,
tú te condensas, te conviertes en humo,
solo vive tu sombra que se retuerce
entre ropa hecha girones, no sientes nada
en ese bazar que lo construyeron
con la premisa de que no fuera posible
introducir el amor...
 
Beso tus piernas de piel tan suave
mientras ausentes los dos no sabemos
que hacemos, eso sucede en el bazar
donde todo se compra y se vende.
Cuando acaricio el pelo más brillante,
la negra melena que me cubre el rostro,
cuando paseo mis dedos
por unos senos tan rosas,
que son suaves rutas hacia un cielo clavado
en una blanca pared, cuando unos labios
rojos cual un infierno rastrean mi piel,
tan sucios, burdos y vulgares...
Tantas ternuras, tantos silencios
que escupen las pieles al atardecer,
es un desamor tan grande y vacío
el que cabe en ese lugar, tienda que presta
con un bajo interés, material tan preciado
a los marineros que no tienen puerto
donde atracar...
Hace tanto frío dentro y fuera,
en ese local de luz macilenta,
en las calles de los arrabales,
donde nadie pasea y te ladran los perros,
tú te condensas, te conviertes en humo,
solo vive tu sombra que se retuerce
entre ropa hecha girones, no sientes nada
en ese bazar que lo construyeron
con la premisa de que no fuera posible
introducir el amor...

Mientras leía, me imaginaba unos callejones en penumbras, mezclados entre el frio y la niebla, con las baldozas mojadas por el punto de rocio de la noche y en una esquina, apenumbrada la silueta de una mujer, que invita a los peatones (escasos por cierto), a pasar a un lugar mas solitario (puede ser un bazar), mientras golpea con el humo de su nuevo cigarro, el rostro curioso de un chamaco que con frio y sin dinero, regresa a su casa, derrotado, por no sacar, en esa noche, nada, ni siquiera... para comprar una pieza de pan y una soda, que sería todo su alimento del día.
Muy bonito, transportas la mente a lugares místicos con tu poesía...
Felicidades... Tu amigo:
 
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