Óscar Pérez
Poeta asiduo al portal
Elbebedor
Lo vi otra vez tomando en esa orilla
de aquellos sueños que llaman la plaza,
no estaba solo en mitad de la masa,
pero ninguno ve lo que no brilla.
Y en él era sin luz la pesadilla
del gesto con que el tiempo se desplaza,
llevándolo en su copa a la argamasa
de su niñez dormida en una silla.
Vengan conmigo, dijo, que es sencilla
la suerte de un anciano en la terraza,
la vida del que entrega su gavilla.
Lo halló muerto el guardián que siempre pasa,
no supo qué decir y en esa villa
ningún niño volvió más a su casa.
04 07 11
Lo vi otra vez tomando en esa orilla
de aquellos sueños que llaman la plaza,
no estaba solo en mitad de la masa,
pero ninguno ve lo que no brilla.
Y en él era sin luz la pesadilla
del gesto con que el tiempo se desplaza,
llevándolo en su copa a la argamasa
de su niñez dormida en una silla.
Vengan conmigo, dijo, que es sencilla
la suerte de un anciano en la terraza,
la vida del que entrega su gavilla.
Lo halló muerto el guardián que siempre pasa,
no supo qué decir y en esa villa
ningún niño volvió más a su casa.
04 07 11