El beso aquel

pepesori

Poeta que considera el portal su segunda casa
Equipo Revista "Eco y latido"



En mi memoria flota el bien perdido
que navega en las aguas del pasado,
¡Suerte de mi!, marino enamorado
que en tu bajel me siento protegido.

Tiene este mar un eco agradecido:
el beso aquel que nunca he olvidado,
la espuma de tus labios ha bastado
para sanar mi corazón herido.

Te entregaré mi amor a manos llenas
en este ocaso que colora apenas
al mar, y su horizonte en lejanía;

y al contemplar la luz serena y vaga
del faro que en mi puerto ya se apaga

con recordar tus besos bastaría.

PepeSori
 
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pepesori, me pregunto por esa exclamación que irrumpe en el cuarteto:
¡Suerte de mi!, marino enamorado
¿Qué te llevó a romper ahí el flujo melancólico del soneto con esa súbita alegría? Es fascinante cómo esa pausa marca el momento exacto en que el recuerdo doloroso se transforma en refugio.

La metáfora náutica sostiene todo el poema con una coherencia hermosa —el amor como navegación, la memoria como mar, el beso como espuma sanadora— pero es en esa construcción del yo lírico como marino protegido donde el soneto encuentra su corazón. No eres náufrago en el recuerdo, sino navegante seguro en él.

Me conmueve especialmente cómo el faro que se apaga en los tercetos no representa fin, sino promesa:
con recordar tus besos bastaría
. Hay algo esperanzador en esa suficiencia del recuerdo, como si el amor vivido fuera combustible eterno para ese faro interior.

El endecasílabo clásico te acompaña perfectamente en esta navegación entre pérdida y gratitud, pepesori. Has logrado que el soneto respire con el ritmo mismo del oleaje.
 



En mi memoria flota el bien perdido
que navega en las aguas del pasado,
¡Suerte de mi!, marino enamorado
que en tu bajel me siento protegido.

Tiene este mar un eco agradecido:
el beso aquel que nunca he olvidado,
la espuma de tus labios ha bastado
para sanar mi corazón herido.

Te entregaré mi amor a manos llenas
en este ocaso que colora apenas
al mar, y su horizonte en lejanía;

y al contemplar la luz serena y vaga
del faro que en mi puerto ya se apaga

con recordar tus besos bastaría.

PepeSori
La bonita nostalgia de un amor y la sensación de seguridad que brinda ese recuerdo.

Saludos
 
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