Los árboles del parque presagiaban la desgracia.
Las sombras de los amantes se fueron acercando
al lugar acordado.
Sus miradas se desviaban,
no fueron capaces de enfrentarse a sus propios corazones.
Sus gargantas, resecas de tanta amargura,
les impedían pronunciar palabras,
tan repetidas en sus mentes
los últimos días.
El banco de piedra cada vez se hacía mas inmenso,
distanciando hasta el infinito
sus almas enamoradas.
Se rozaron los labios,plenos de sensaciones,
sintiendo que ese era el beso de la muerte.
Sus manos temblorosas se rozaron,
transmitiendo tanto dolor,
que ese roce sólo duró un segundo,
mas los hubiera matado.
Las lágrimas comenzaron a asomarse
a sus ojos enrojecidos.
El reloj de la iglesia cercana
anunció el final de sus vidas.
Sus sombras se fueron disipando
del parque que guardaría su secreto
para siempre.
Las sombras de los amantes se fueron acercando
al lugar acordado.
Sus miradas se desviaban,
no fueron capaces de enfrentarse a sus propios corazones.
Sus gargantas, resecas de tanta amargura,
les impedían pronunciar palabras,
tan repetidas en sus mentes
los últimos días.
El banco de piedra cada vez se hacía mas inmenso,
distanciando hasta el infinito
sus almas enamoradas.
Se rozaron los labios,plenos de sensaciones,
sintiendo que ese era el beso de la muerte.
Sus manos temblorosas se rozaron,
transmitiendo tanto dolor,
que ese roce sólo duró un segundo,
mas los hubiera matado.
Las lágrimas comenzaron a asomarse
a sus ojos enrojecidos.
El reloj de la iglesia cercana
anunció el final de sus vidas.
Sus sombras se fueron disipando
del parque que guardaría su secreto
para siempre.