romaguce
Poeta recién llegado
No hay tragedia que el hombre no haya escrito
Y en su comedia, la vida, continua esperando
El toque de espada, de la muerte.
Hemos aprendido a catar y a danzar sobre las cenizas de otros,
Tomamos el polvo ajeno y alimentamos al viento de su rencor
He importa poco el clamor de la lluvia, que indiferente, apacigua
La pandora que esparce de soledad nuestra vista.
Nuestros hijos nacieron y les enseñamos a caminar sobre el cadalso,
Poco a poco aprendieron a entender que aquellos cuerpos pendulantes
He inertes ante los sueños, alguna mañana de otoño, seremos como aquellos,
Porfiados ante el viento, silenciosos ante la muerte.
El beso de la muerte... la traición de la vida.
Y en su comedia, la vida, continua esperando
El toque de espada, de la muerte.
Hemos aprendido a catar y a danzar sobre las cenizas de otros,
Tomamos el polvo ajeno y alimentamos al viento de su rencor
He importa poco el clamor de la lluvia, que indiferente, apacigua
La pandora que esparce de soledad nuestra vista.
Nuestros hijos nacieron y les enseñamos a caminar sobre el cadalso,
Poco a poco aprendieron a entender que aquellos cuerpos pendulantes
He inertes ante los sueños, alguna mañana de otoño, seremos como aquellos,
Porfiados ante el viento, silenciosos ante la muerte.
El beso de la muerte... la traición de la vida.