El beso de la mujer araña.
Favorece la extrema pisada del ocaso,
el frió roce de tus prendas,
invierno, calido por tu carne.
Niebla, lecho de placer.
Residente en tus labios,
fruto jugoso y calido,
idilio lujurioso,
salvación húmeda.
Dos segundos, queman
el éxtasis, la sensación;
entre cenizas y destrozos
surge tan solo el recuerdo.