El cielo puro y ambarino,
se refleja en las marismas,
pintando sus quietas aguas,
de celestes castos y vistosos dorados,
de blanco impío salpicados.
Un ballet de bailarinas blancas,
danzan en sus vírginales enaguas,
y los elegantes y bellos flamencos,
vuelan y danzan en la tarde.
El cielo se tiñe de rosa,
y la marisma se ruboriza,
de azules, dorados y rosas.
El blanco marchó,
y quedó la madre.
se refleja en las marismas,
pintando sus quietas aguas,
de celestes castos y vistosos dorados,
de blanco impío salpicados.
Un ballet de bailarinas blancas,
danzan en sus vírginales enaguas,
y los elegantes y bellos flamencos,
vuelan y danzan en la tarde.
El cielo se tiñe de rosa,
y la marisma se ruboriza,
de azules, dorados y rosas.
El blanco marchó,
y quedó la madre.