El borde del salto

MarcosR

Poeta que considera el portal su segunda casa
Es verdad que me duele la espalda.
Ruge del sur la madrugada
y es un pozo de sombras la barranca.
Se desploma la lluvia
reventando los techos,
entre aullidos de perros
y calles desoladas,
y el reloj amenaza
con estrangularme
si no cierro los ojos
y dejo la conciencia
durmiendo de costado
descansando la carne
que será combustible
al sol de la mañana...
Y aun así me levanto.

¿Para qué seguir las cuentas,
las viñetas del cálculo incesante
que han pintado los mapas
a través los tiempos?
Si mañana será mañana,
y otra vez el cansancio
pagará la comida.
Es verdad que me duele la espalda,
y a pasos lentos paso
al hasta el borde del salto.

He revisado a fondo
las sombras de la higuera
bajo la luna fría
oteando entre las nubes,
el aullido del viento
doblando los naranjos,
la forma del abrazo desesperado
de las madreselvas,
las caras de la niebla
en el brillo del barro,
el tenor del ocaso
sobre un mundo dormido.

Es verdad que me duele la espalda.
Mientras la lluvia arrecia, ahora,
y se estrella con furia
golpeando las ventanas.
Y la noche arremete,
y la luna se oculta...
Y otra vez los relojes abrirán la mañana.
 
Última edición:
Es verdad que me duele la espalda.
Ruge del sur la madrugada
y es un pozo de sombras la barranca.
Se desploma la lluvia
reventando los techos,
entre aullidos de perros
y calles desoladas,
y el reloj amenaza
con estrangularme
si no cierro los ojos
y dejo la conciencia
durmiendo de costado
descansando la carne
que será combustible
al sol de la mañana...
Y aun así me levanto.

¿Para qué seguir las cuentas,
las viñetas del cálculo incesante
que han pintado los mapas
a través los tiempos?
Si mañana será mañana,
y otra vez el cansancio
pagará la comida.
Es verdad que me duele la espalda,
y a pasos lentos paso
al hasta el borde del salto.

He revisado a fondo
las sombras de la higuera
bajo la luna fría
oteando entre las nubes,
el aullido del viento
doblando los naranjos,
la forma del abrazo desesperado
de las madreselvas,
las caras de la niebla
en el brillo del barro,
el tenor del ocaso
sobre un mundo dormido.

Es verdad que me duele la espalda.
Mientras la lluvia arrecia, ahora,
y se estrella con furia
golpeando las ventanas.
Y la noche arremete,
y la luna se oculta...
Y otra vez los relojes abrirán la mañana.
Sin dudas un sentimiento de agotamiento físico y emocional.

Saludos
 

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