fantasma de la poesia
Poeta recién llegado
El brindis a la oscuridad
Una noche me encontraba solo en la sala de mi casa leyendo como siempre un viejo libro y bebiendo una deliciosa copa de vino. Sentado hojeando aquel libro me llego de pronto una nostalgia atroz de los amores viejos que no me habían hecho ningún bien. Decidí olvidarlo por un momento cuando de pronto se termino mi copa en un solo sorbo. ¿Qué es lo que ha sucedido? No me lo explico, ¿cómo es posible? mi copa se ha terminado en una sola toma ¿qué es lo que ha pasado? Me levante de mi sillón sin más me acerque a la cocina para rellenar mi copa cuando me di cuenta que ya había bebido casi toda la botella y me había embriagado, ¿era acaso por eso que comencé a sentir esa nostalgia? Sin saber serví la última copa y regrese a mi asiento. Mire mi libro y de momento comencé a escuchar un murmullo en la oscuridad de mi sala. No me exalte como era de imaginarse simplemente sonreí para poderme quitar un poco los nervios de la situación.
- eh señores porque se ocultan salgan que quiero verle, les invitaría una copa pero me he acabado el vino, pero pasen que la noche embriaga como el mejor licor.
El murmullo se intensifico como si la maldita oscuridad me absorbiera. Pasó un momento cuando golpetee mi copa con mi dedo pulgar y alzando mi copa dije:
- señores quisiera hacer un brindis, un brindis por los amores de antaño, más no por los amores que endulzan al corazón sino por aquellos que me hicieron sufrir las más amargas sensaciones. Quiero iniciar mi brindis con ella, con Dayana la chica que se apodero de mi corazón por mucho tiempo y que no me ha dejado descansar desde aquel momento en que me separe de ella aquel verano. Para continuar señores por Karina la chica que me quito el sueño por casi un mes hasta que me rompió el corazón cuando al fin le dije lo que sentía. quisiera terminar mi brindis pero me he dado cuenta de que me falta alguien más, Raquel o Rachel como me gustaba llamarle por ella, por la que no puedo tener la forma de decirle que la amo por la única razón de esa amistad tan buena que tenemos y por la presión social que me atacaría por siempre. Y para finalizar, la más reciente, la que me rompió el corazón por última vez. Por Michelle mi luna de plata que me alumbraba las noches y que también me regreso a la oscuridad de la que un día Salí y de la que ustedes son ya muy conocedores. Pero que también me han de jalar de nuevo a ella y me han de absorber la oscuridad y las sombras para no dejar salir mi alma jamás, nunca más. Con eso señores término mi brindis y mi copa al fondo le daré.
Termine mi copa de golpe y sentía que mi alma se hundía en las sombras para no regresar, y de pronto me desperté abrazando el brazo de mi sillón y con la botella de vino blanco en mi mano. Mire a mi padre que se sorprendió al no verme en mi cama en toda la noche.
- ¿Dónde estuviste y que hace esa botella en tu mano?
- Estuve aquí me quede dormido anoche
- llevas tres días sin poner un pie aquí ¿Cómo dices que te dio sueño y te quedaste dormido anoche?
- ¿tres días? ¿pero yo sentí de que solo fue una noche?
Le conté mi historia a mi padre y curiosamente era día veintiséis para amanecer día veintisiete. Y el día veintisiete de agosto hace nueve meses mi madre falleció. ¿Será acaso que estuve con mi madre durante tres días entre las sombras de la muerte? ¿Qué habrá pasado en ese momento? ¿Habré sido visitado por las sombras de la muerte y dormido en los brazos de las tinieblas?
Estas incógnitas dan vueltas en mi cabeza y sé que algún día llegara el momento de resolverlas. Pero por si acaso ya no leo en las noches ni bebo vino blanco para no encontrarme otra vez perdido en las sombras del fin de todos los seres. Y cada día veintisiete le hago una plegaria a todos los sontos para alejar de mí el manto de la muerte que me cobijó una vez.
Y por si las dudas en ninguna fiesta me levanto a brindar por temor a encontrarme en las fiestas y grandes cenas de las criaturas de la noche para no encontrarme con el cuervo de nunca más que vate sus alas para posarse sobre la cornisa de mi puerta hasta el día de mi muerte.
Aun temo el desvelarme más allá de las doce de la noche por temor a los fantasmas oscuros que me traerán de nuevo el recuerdo de aquella noche en la que desaparecí por tres días, tres días de mi vida que se que la muerte me ha de abonar antes del día final.
Una noche me encontraba solo en la sala de mi casa leyendo como siempre un viejo libro y bebiendo una deliciosa copa de vino. Sentado hojeando aquel libro me llego de pronto una nostalgia atroz de los amores viejos que no me habían hecho ningún bien. Decidí olvidarlo por un momento cuando de pronto se termino mi copa en un solo sorbo. ¿Qué es lo que ha sucedido? No me lo explico, ¿cómo es posible? mi copa se ha terminado en una sola toma ¿qué es lo que ha pasado? Me levante de mi sillón sin más me acerque a la cocina para rellenar mi copa cuando me di cuenta que ya había bebido casi toda la botella y me había embriagado, ¿era acaso por eso que comencé a sentir esa nostalgia? Sin saber serví la última copa y regrese a mi asiento. Mire mi libro y de momento comencé a escuchar un murmullo en la oscuridad de mi sala. No me exalte como era de imaginarse simplemente sonreí para poderme quitar un poco los nervios de la situación.
- eh señores porque se ocultan salgan que quiero verle, les invitaría una copa pero me he acabado el vino, pero pasen que la noche embriaga como el mejor licor.
El murmullo se intensifico como si la maldita oscuridad me absorbiera. Pasó un momento cuando golpetee mi copa con mi dedo pulgar y alzando mi copa dije:
- señores quisiera hacer un brindis, un brindis por los amores de antaño, más no por los amores que endulzan al corazón sino por aquellos que me hicieron sufrir las más amargas sensaciones. Quiero iniciar mi brindis con ella, con Dayana la chica que se apodero de mi corazón por mucho tiempo y que no me ha dejado descansar desde aquel momento en que me separe de ella aquel verano. Para continuar señores por Karina la chica que me quito el sueño por casi un mes hasta que me rompió el corazón cuando al fin le dije lo que sentía. quisiera terminar mi brindis pero me he dado cuenta de que me falta alguien más, Raquel o Rachel como me gustaba llamarle por ella, por la que no puedo tener la forma de decirle que la amo por la única razón de esa amistad tan buena que tenemos y por la presión social que me atacaría por siempre. Y para finalizar, la más reciente, la que me rompió el corazón por última vez. Por Michelle mi luna de plata que me alumbraba las noches y que también me regreso a la oscuridad de la que un día Salí y de la que ustedes son ya muy conocedores. Pero que también me han de jalar de nuevo a ella y me han de absorber la oscuridad y las sombras para no dejar salir mi alma jamás, nunca más. Con eso señores término mi brindis y mi copa al fondo le daré.
Termine mi copa de golpe y sentía que mi alma se hundía en las sombras para no regresar, y de pronto me desperté abrazando el brazo de mi sillón y con la botella de vino blanco en mi mano. Mire a mi padre que se sorprendió al no verme en mi cama en toda la noche.
- ¿Dónde estuviste y que hace esa botella en tu mano?
- Estuve aquí me quede dormido anoche
- llevas tres días sin poner un pie aquí ¿Cómo dices que te dio sueño y te quedaste dormido anoche?
- ¿tres días? ¿pero yo sentí de que solo fue una noche?
Le conté mi historia a mi padre y curiosamente era día veintiséis para amanecer día veintisiete. Y el día veintisiete de agosto hace nueve meses mi madre falleció. ¿Será acaso que estuve con mi madre durante tres días entre las sombras de la muerte? ¿Qué habrá pasado en ese momento? ¿Habré sido visitado por las sombras de la muerte y dormido en los brazos de las tinieblas?
Estas incógnitas dan vueltas en mi cabeza y sé que algún día llegara el momento de resolverlas. Pero por si acaso ya no leo en las noches ni bebo vino blanco para no encontrarme otra vez perdido en las sombras del fin de todos los seres. Y cada día veintisiete le hago una plegaria a todos los sontos para alejar de mí el manto de la muerte que me cobijó una vez.
Y por si las dudas en ninguna fiesta me levanto a brindar por temor a encontrarme en las fiestas y grandes cenas de las criaturas de la noche para no encontrarme con el cuervo de nunca más que vate sus alas para posarse sobre la cornisa de mi puerta hasta el día de mi muerte.
Aun temo el desvelarme más allá de las doce de la noche por temor a los fantasmas oscuros que me traerán de nuevo el recuerdo de aquella noche en la que desaparecí por tres días, tres días de mi vida que se que la muerte me ha de abonar antes del día final.