Strigoyu
Poeta recién llegado
El brote de la inocencia
En el temor de la noche se hace presente,
una vez más, el sinsentido, poderoso y cíclico,
del pensamiento extremo, eterno e incompetente,
mi pasado oculta, borra y destruye. ¡Es único!
En el escozor de la luz se hace realidad,
sin esperar, la eterna locura, justa y desmedida,
de la acción extenuante, y jocosa, de la materialidad,
mi presente revela, certifica y erige. ¡Es aprendida!
Las argollas de una era, recias e insalvables, atentas,
la mirada fija, alrededor; con calma, ¡nos censurarán!
Contemplo, agito mi mente. Expolio, calmo e impulsivo,
la eterna e infinita inquietud; sin duda, ¡nos temerán!
La semilla, del mal. El brote, ¡de la inocencia, presunta!
Strigoyu
En el temor de la noche se hace presente,
una vez más, el sinsentido, poderoso y cíclico,
del pensamiento extremo, eterno e incompetente,
mi pasado oculta, borra y destruye. ¡Es único!
En el escozor de la luz se hace realidad,
sin esperar, la eterna locura, justa y desmedida,
de la acción extenuante, y jocosa, de la materialidad,
mi presente revela, certifica y erige. ¡Es aprendida!
Las argollas de una era, recias e insalvables, atentas,
la mirada fija, alrededor; con calma, ¡nos censurarán!
Contemplo, agito mi mente. Expolio, calmo e impulsivo,
la eterna e infinita inquietud; sin duda, ¡nos temerán!
La semilla, del mal. El brote, ¡de la inocencia, presunta!
Strigoyu
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