El imponente macho cabrío,de cornamenta de zafiro,me lleva a lomos por la pradera desierta.Donde sólo el haz bochornoso de luz de la luna menguante,ilumina mi semblante serio pero cadavérico.Entonces,tirando de las bridas para que el lujurioso animal del demonio se pare en seco,saco de mi bandolera una cornucopia de marfil con la huesuda mano izquierda,y con la otra cojo un viejo odre lleno de amargo vino.Vierto el líquido báquico en el malévolo cuerno y bebo como un incubo insaciable.Al instante los efectos se hacen notar.Siento a mi alrededor una jarana de plebeyos tocando flautas y tamboril,mientras el cabrón en el que monto como asidero murmura solemne y en terrorífica voz humana:<<esta noche ciertamente morirás entre espasmos de penumbra malévola>>.