soñar no es imposible...
Poeta recién llegado
Escucho como mis pasos
retumban en el seco suelo
que, lejos de tener vegetación
alguna, me lleva a mi destino.
A lo lejos veo un árbol
enegrecido y sin hojas,
quemado por la mano
del mísero hombre.
El descendiente ocaso
de colores encendidos termina
en la línea que marca el
horizonte, donde la ladera acaba.
Justo donde el apagado
árbol marca el último
paso del humano en este
triste mundo acabado.
Es el fin de lo que conocemos
y el principio de algo nuevo,
sin descubrir, sin obra
del hombre, libre de muerte.
Me acerco al final del camino,
donde el delgado tronco
del exánime árbol permanece
inerte en su existir.
Postrado frente a éste,
observo con calma y veo que
el poco viento que hay desprende
cenizas del calcinado cadaver.
El carbonizado árbol, rodeado
en la base por unas piedras
con forma de esfera, grises y viles,
formando un círculo en su alrededor.
Es la marca del "poder
humano", que no tiene límites,
ni piedad; que destruye todo
lo que encuentra en su caminar.
Avanzo unos cuantos pasos
más, adelantándome al
árbol, cruzando lo que se
toma por civilización.
El último paso resuena
con mayor intensidad
abriendo una increíble
travesía en mi andar.
Abriéndome camino en algo
nuevo. Algo indescriptible, que
no había visto en mucho
tiempo: algo... realmente vivo.
Al dar el primer paso
a este mundo innovador en vez
de sentir el suelo seco, sentí
algo suave y húmedo.
Giré mi cabeza hacia abajo
y vi como es que alrededor de mi
pie había crecido abundante
pastura de un verde resplandeciente.
Di otro paso y al tocar la punta
de mi pie, divisé las plantas
que crecían debajo de éste,
formando espesura en el lugar.
Al dar más pasos, las plantas
crecían, radiantes y llenas
de vida, de diversos colores y
diversos tipos había.
Logré hacer un jardín
con unos cuantos pasos, que
más tarde se convirtió en una enorme
maleza reverdeciente.
Lleno de color y vida, el
jardín se levantaba en
medio de la nada, invadiendo
con alegría y júbilo.
Era lo más maravilloso
que había visto jamás,
estaba tan vigoroso y risueño
hasta que me puse a pensar.
La curiosidad me invadió
rapidamente y con prontitud me
volví para ver el árbol
que había dejado atrás.
Ahí estaba, erguido en el
abandonado camino,
levantando con un enorme
esfuerzo sus ramas sin hoja alguna.
Ardió hasta la muerte
por culpa de la especie
dominante, destructora,
a la que llamamos humano.
Fue justamente en ese
momento cuando decidí que
el nuevo mundo no moriría
en manos de esas bestias.
Abandoné e hermoso
lugar, dirigiéndome hacia el
seco y deprimente sendero
que me guiará a mi destino.
Donde, en un futuro, me preguntarán:
¿Qué descubriste después del final?
Y, yo responderé: Sólamente
el cadáver de un triste árbol.
retumban en el seco suelo
que, lejos de tener vegetación
alguna, me lleva a mi destino.
A lo lejos veo un árbol
enegrecido y sin hojas,
quemado por la mano
del mísero hombre.
El descendiente ocaso
de colores encendidos termina
en la línea que marca el
horizonte, donde la ladera acaba.
Justo donde el apagado
árbol marca el último
paso del humano en este
triste mundo acabado.
Es el fin de lo que conocemos
y el principio de algo nuevo,
sin descubrir, sin obra
del hombre, libre de muerte.
Me acerco al final del camino,
donde el delgado tronco
del exánime árbol permanece
inerte en su existir.
Postrado frente a éste,
observo con calma y veo que
el poco viento que hay desprende
cenizas del calcinado cadaver.
El carbonizado árbol, rodeado
en la base por unas piedras
con forma de esfera, grises y viles,
formando un círculo en su alrededor.
Es la marca del "poder
humano", que no tiene límites,
ni piedad; que destruye todo
lo que encuentra en su caminar.
Avanzo unos cuantos pasos
más, adelantándome al
árbol, cruzando lo que se
toma por civilización.
El último paso resuena
con mayor intensidad
abriendo una increíble
travesía en mi andar.
Abriéndome camino en algo
nuevo. Algo indescriptible, que
no había visto en mucho
tiempo: algo... realmente vivo.
Al dar el primer paso
a este mundo innovador en vez
de sentir el suelo seco, sentí
algo suave y húmedo.
Giré mi cabeza hacia abajo
y vi como es que alrededor de mi
pie había crecido abundante
pastura de un verde resplandeciente.
Di otro paso y al tocar la punta
de mi pie, divisé las plantas
que crecían debajo de éste,
formando espesura en el lugar.
Al dar más pasos, las plantas
crecían, radiantes y llenas
de vida, de diversos colores y
diversos tipos había.
Logré hacer un jardín
con unos cuantos pasos, que
más tarde se convirtió en una enorme
maleza reverdeciente.
Lleno de color y vida, el
jardín se levantaba en
medio de la nada, invadiendo
con alegría y júbilo.
Era lo más maravilloso
que había visto jamás,
estaba tan vigoroso y risueño
hasta que me puse a pensar.
La curiosidad me invadió
rapidamente y con prontitud me
volví para ver el árbol
que había dejado atrás.
Ahí estaba, erguido en el
abandonado camino,
levantando con un enorme
esfuerzo sus ramas sin hoja alguna.
Ardió hasta la muerte
por culpa de la especie
dominante, destructora,
a la que llamamos humano.
Fue justamente en ese
momento cuando decidí que
el nuevo mundo no moriría
en manos de esas bestias.
Abandoné e hermoso
lugar, dirigiéndome hacia el
seco y deprimente sendero
que me guiará a mi destino.
Donde, en un futuro, me preguntarán:
¿Qué descubriste después del final?
Y, yo responderé: Sólamente
el cadáver de un triste árbol.