El cadáver inicial

carlos lopez dzur

Poeta que considera el portal su segunda casa
Habría comenzado en tí, Sustancia.
Eres mi inicial abecedario.
Una sílaba de fuego, el mínimo hito de esperanza.
Seas lo que seas, ente, yo quise sentirte.
A tí me debo y no diría: «Te quiero ver herida.
Sé fugaz, sé a miserias, tan poca que no sirvas».

Te quise inmensa, gorda, creciente y, por oposición,
te empequeñeces, te eliminas minuto por minuto.
Te exterminan, te bombardean, te capturan.
Me eliminas así, me asedias tal como no eres.
A mí que te llevo en el alma, territorialmente acepta,
soberanamente nivelada a mis ansias.

Tú eres lo que va desapareciendo de mi espacio.
Eres el escombro que percibo; me niegas conexiones.
Estás cercada, interrogada por extraños.
No sé cómo te han despedazado.
Han cortado de mí tus raíces.
Me escinden, me apagan como una brasa
que aún quema y arde y lastima.
Te echaron de mi lado y me doy cuenta
porque ya no tengo el abrazo de ninguno.
Han fundado la soledad en mis rincones.

Ahora es que duele que no tenga tu cariño.
Sustancia, si alguno que me conozca la tuviera
por engendro, yo no estaría tan triste, no me saldría
la sangre ni estaría tan friolento. Ahora sé
que estoy herido y te veo en los campos de batalla,
tú, tendida igual que yo, convertida en el humo
de la herida, recién abierta, con el resuello
del cariño disperso al pie de una cureña.

Habría comenzado en tí mi vida, Sustancia.
¡Pero estás exangüe! Y sólo oigo la jactancia de los victoriosos.
«Que ella muera, que tú mueras, que muera el beso, el mimo,
tus piojitos que mueran, tu voz ternurosa, tú, madre,
que mueras con el regazo seco, con tus afectos
apenas convertidos en nanas, que mueras, esposa mía,
con tus necesidades de erotismo básicos,
que mueras, hermana mía, que mueras,
varón de mi progenie, que mueras, patria mía».


19-07-2000 / El libro de la guerra

http://carloslopezdzur-carlos.blogspot.com/2008/10/el-cadver-inicial.html

http://carloslopezdzur-carlos.blogspot.com/
 
Habría comenzado en tí, Sustancia.
Eres mi inicial abecedario.
Una sílaba de fuego, el mínimo hito de esperanza.
Seas lo que seas, ente, yo quise sentirte.
A tí me debo y no diría: «Te quiero ver herida.
Sé fugaz, sé a miserias, tan poca que no sirvas».

Te quise inmensa, gorda, creciente y, por oposición,
te empequeñeces, te eliminas minuto por minuto.
Te exterminan, te bombardean, te capturan.
Me eliminas así, me asedias tal como no eres.
A mí que te llevo en el alma, territorialmente acepta,
soberanamente nivelada a mis ansias.

Tú eres lo que va desapareciendo de mi espacio.
Eres el escombro que percibo; me niegas conexiones.
Estás cercada, interrogada por extraños.
No sé cómo te han despedazado.
Han cortado de mí tus raíces.
Me escinden, me apagan como una brasa
que aún quema y arde y lastima.
Te echaron de mi lado y me doy cuenta
porque ya no tengo el abrazo de ninguno.
Han fundado la soledad en mis rincones.

Ahora es que duele que no tenga tu cariño.
Sustancia, si alguno que me conozca la tuviera
por engendro, yo no estaría tan triste, no me saldría
la sangre ni estaría tan friolento. Ahora sé
que estoy herido y te veo en los campos de batalla,
tú, tendida igual que yo, convertida en el humo
de la herida, recién abierta, con el resuello
del cariño disperso al pie de una cureña.

Habría comenzado en tí mi vida, Sustancia.
¡Pero estás exangüe! Y sólo oigo la jactancia de los victoriosos.
«Que ella muera, que tú mueras, que muera el beso, el mimo,
tus piojitos que mueran, tu voz ternurosa, tú, madre,
que mueras con el regazo seco, con tus afectos
apenas convertidos en nanas, que mueras, esposa mía,
con tus necesidades de erotismo básicos,
que mueras, hermana mía, que mueras,
varón de mi progenie, que mueras, patria mía».


19-07-2000 / El libro de la guerra

http://carloslopezdzur-carlos.blogspot.com/2008/10/el-cadver-inicial.html

http://carloslopezdzur-carlos.blogspot.com/

Profesor, me imagino como será "el Cadáver putrefacto" Un tema lleno de ironía. Mis respetos profesor.
 
El cadáver inicial, lo primero que mata la guerra, es el sentimiento de compañía, la memoria de los afectos, las conexiones, lo que resulta en soledad, en desconfianza en todo.

Cadaver putrefactom sobrevivir la tortura,
gracias oir pasar y leer, reltith.
carlos
 
Hay tantas formas de morir y esta es una de las más crueles...finalmente se abren vacíos que dificilmente vuelven a llenarse y quedan para un colectivo de cotidianidades que nada les llena.

Un fuerte abrazo a uno de los más grandes Maestros Poetas de esta casa.!
 
Hay tantas formas de morir y esta es una de las más crueles...finalmente se abren vacíos que dificilmente vuelven a llenarse y quedan para un colectivo de cotidianidades que nada les llena.

Un fuerte abrazo a uno de los más grandes Maestros Poetas de esta casa.!


Gracias por pasar y leer, Tuti,
y tu gentil comentario,
carlos
 
Habría comenzado en tí, Sustancia.
Eres mi inicial abecedario.
Una sílaba de fuego, el mínimo hito de esperanza.
Seas lo que seas, ente, yo quise sentirte.
A tí me debo y no diría: «Te quiero ver herida.
Sé fugaz, sé a miserias, tan poca que no sirvas».

Te quise inmensa, gorda, creciente y, por oposición,
te empequeñeces, te eliminas minuto por minuto.
Te exterminan, te bombardean, te capturan.
Me eliminas así, me asedias tal como no eres.
A mí que te llevo en el alma, territorialmente acepta,
soberanamente nivelada a mis ansias.

Tú eres lo que va desapareciendo de mi espacio.
Eres el escombro que percibo; me niegas conexiones.
Estás cercada, interrogada por extraños.
No sé cómo te han despedazado.
Han cortado de mí tus raíces.
Me escinden, me apagan como una brasa
que aún quema y arde y lastima.
Te echaron de mi lado y me doy cuenta
porque ya no tengo el abrazo de ninguno.
Han fundado la soledad en mis rincones.

Ahora es que duele que no tenga tu cariño.
Sustancia, si alguno que me conozca la tuviera
por engendro, yo no estaría tan triste, no me saldría
la sangre ni estaría tan friolento. Ahora sé
que estoy herido y te veo en los campos de batalla,
tú, tendida igual que yo, convertida en el humo
de la herida, recién abierta, con el resuello
del cariño disperso al pie de una cureña.

Habría comenzado en tí mi vida, Sustancia.
¡Pero estás exangüe! Y sólo oigo la jactancia de los victoriosos.
«Que ella muera, que tú mueras, que muera el beso, el mimo,
tus piojitos que mueran, tu voz ternurosa, tú, madre,
que mueras con el regazo seco, con tus afectos
apenas convertidos en nanas, que mueras, esposa mía,
con tus necesidades de erotismo básicos,
que mueras, hermana mía, que mueras,
varón de mi progenie, que mueras, patria mía».


19-07-2000 / El libro de la guerra

http://carloslopezdzur-carlos.blogspot.com/2008/10/el-cadver-inicial.html

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Excelso, excelso, excelso!!!! Carlos, ere un megápolis de poesía a todos, y a todo y en forma excelsa, con propiedad y voz distintiva. Una vez más me deleito en todo éste transfondo de tus versos. Abrazos,

Roxane
 

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