Orfelunio
Poeta veterano en el portal
El caldo lenguaje
Si algún día pudiera saber el lenguaje,
con mágico traje sería mi magia quimera,
y mi calma, de oscuro pelaje,
de verde vestida la lengua,
hablaría de lo que disfrace
el ánimo común en que acierta.
Por dura que sea la vida,
por filos que tenga la espada,
mi boca es un nido de furia
que escupe los chorros de fuego,
los brotes que son intelecto,
un mar que no es mar sin las olas.
La pluma que pinte y que trace
los signos del hombre en su efecto,
repleto de la sabia gola,
que grita y se calla la fiera
dejando su fama en perfecto
sentir natural redingote,
si fresca está entre la hierba,
su frío nos dé en el cogote
¡Que puta es la piedra!,
que da pero nunca me infecto,
del habla de toda la Tierra
que es agua que a veces me inyecto;
la vida como una tragedia
de actores que esperan ser muertos;
y otros son cómicos ferias,
que lanzan al paso las flores
de cristos que son resurrectos,
matando con malas razones
lo humano de ser esqueletos,
si sienten los corazones
que almas también son insectos,
y esperan por eso que hable
el padre de todo el defecto.
No hay padre, ni madre,
que el habla se aprende
según el país y en que reino,
y nunca aprendieron los muertos.
Estaba equivocado,
que Jesús es al monte
como la cabra al milagro.
Estabais en lo cierto,
que bueno es el hombre
si en la mesa hay bocado,
y los cristos son huertos
con los cielos tapados.
Los unos fueron muertos,
los otros, no contados,
fueron tantos que se fueron
democráticamente cansando,
de saber que en esta vida
lo que hay no es más que caldo.
Si algún día pudiera saber el lenguaje,
con mágico traje sería mi magia quimera,
y mi calma, de oscuro pelaje,
de verde vestida la lengua,
hablaría de lo que disfrace
el ánimo común en que acierta.
Por dura que sea la vida,
por filos que tenga la espada,
mi boca es un nido de furia
que escupe los chorros de fuego,
los brotes que son intelecto,
un mar que no es mar sin las olas.
La pluma que pinte y que trace
los signos del hombre en su efecto,
repleto de la sabia gola,
que grita y se calla la fiera
dejando su fama en perfecto
sentir natural redingote,
si fresca está entre la hierba,
su frío nos dé en el cogote
¡Que puta es la piedra!,
que da pero nunca me infecto,
del habla de toda la Tierra
que es agua que a veces me inyecto;
la vida como una tragedia
de actores que esperan ser muertos;
y otros son cómicos ferias,
que lanzan al paso las flores
de cristos que son resurrectos,
matando con malas razones
lo humano de ser esqueletos,
si sienten los corazones
que almas también son insectos,
y esperan por eso que hable
el padre de todo el defecto.
No hay padre, ni madre,
que el habla se aprende
según el país y en que reino,
y nunca aprendieron los muertos.
Estaba equivocado,
que Jesús es al monte
como la cabra al milagro.
Estabais en lo cierto,
que bueno es el hombre
si en la mesa hay bocado,
y los cristos son huertos
con los cielos tapados.
Los unos fueron muertos,
los otros, no contados,
fueron tantos que se fueron
democráticamente cansando,
de saber que en esta vida
lo que hay no es más que caldo.