Suelo detenerme en ti
después de la
caída de la tarde,
así como un milagro
se esparce,
se extiende y direcciona
cada rama de árbol
en la senda de los besos
que se pierden como
enrredaderas de sal en los labios.
A veces supongo que no eres real,
luego observo
el caligrama de tus besos,
e imagino en un segundo
tu boca,
la mía
entretejiendo la saliva
que dejamos impregnada
en nuestros labios.
Y termino en ese sueño de tenerte
acurrucada
a tu sombra en la pared,
arropada con una manta
que lleva bordado
tu nombre en una orilla.
después de la
caída de la tarde,
así como un milagro
se esparce,
se extiende y direcciona
cada rama de árbol
en la senda de los besos
que se pierden como
enrredaderas de sal en los labios.
A veces supongo que no eres real,
luego observo
el caligrama de tus besos,
e imagino en un segundo
tu boca,
la mía
entretejiendo la saliva
que dejamos impregnada
en nuestros labios.
Y termino en ese sueño de tenerte
acurrucada
a tu sombra en la pared,
arropada con una manta
que lleva bordado
tu nombre en una orilla.