Marla
Poeta fiel al portal
Era azul el iris de tu mano,
lo recuerdo
era azul y proyectaba en la mía
su pupila más pura.
El verde de la higuera mencionaba mi nombre
cuando el viento le hablaba.
Era blanco el silencio cuando la tarde
se tendía a mirarnos;
a veces
(raras veces)
veía a lo lejos dibujarse la silueta
de la negrura
(aún la siento)
tan joven...
Poco sabíamos entonces de los pozos
que manan sombras lentas
de sus múltiplos ácidos.
Ignorábamos
que el camino alargaba su espinazo de bestia
sobre las amapolas del destino,
que nos crecía un desierto de sal
sobre los huesos.
Mañana será nunca
-susurraba la noche más profunda en mis venas-
Pronto sabréis
a qué sabe
el beso de la adelfa sobre un labio de infancia.
lo recuerdo
era azul y proyectaba en la mía
su pupila más pura.
El verde de la higuera mencionaba mi nombre
cuando el viento le hablaba.
Era blanco el silencio cuando la tarde
se tendía a mirarnos;
a veces
(raras veces)
veía a lo lejos dibujarse la silueta
de la negrura
(aún la siento)
tan joven...
Poco sabíamos entonces de los pozos
que manan sombras lentas
de sus múltiplos ácidos.
Ignorábamos
que el camino alargaba su espinazo de bestia
sobre las amapolas del destino,
que nos crecía un desierto de sal
sobre los huesos.
Mañana será nunca
-susurraba la noche más profunda en mis venas-
Pronto sabréis
a qué sabe
el beso de la adelfa sobre un labio de infancia.