Aguila Albina.
Poeta recién llegado
Si el amor llega de improviso
o si despierta súbitamente,
es razón que desconozco
más no desconozco sus efectos
ni me son ajenas sus alegrías
como tampoco sus dolores.
Mucho menos es mi corazón
agreste y foráneo
a las cuestiones de Eros,
antes bien, es como fértil tierra cultivada
siempre pronta a la siembra
y a la cosecha sin tardanza;
pues cuan grata es la sorpresa
y la bienvenida a quien no esperaba,
de una dama con sus trenzas
que hace mucho en esta tierra
yacía sembrada,
y con el tacto de la lluvia
como un beso en la mejilla,
broto con raíces al subsuelo
y con su dosel tejió alta bóveda,
con las hojas de más bella fragancia
y savia con textura de miel
que petrificada en su iris
formó de ámbar las dos pupilas;
una flor, un arbusto, un árbol
que a si misma se regó
y dio por fin al campo fértil
los productos de la huerta.
Pero tanto tiempo has sido un yermo
que creías ser tu tierra
un lodazal insano
y arenal de amplia carestía,
que temes no ser verdad tu árbol
y dudas de su existencia,
cuando tan palpable y tan tangible
el amor se posa en tu puerta,
pues, no olvidas las sequías
y causa de gran temor
es el imaginarte la pérdida del olivar
y el talle de sus ramas
de madera trenzada
y sus afluentes de néctar.
Sin embargo, si hecha esta ya la siembra
y puedes vislumbrar
pronta la recolecta,
son tus temores vanos
y amargas las sales
con que tus surcos abonas
y añejas la tierra;
tan solamente haz soltar tus nutrientes
y deja que bella agricultora
sea quien dé a tu árbol usufructo
y seáis ambos
los jardines de la viña
y los amantes de la siembra.
o si despierta súbitamente,
es razón que desconozco
más no desconozco sus efectos
ni me son ajenas sus alegrías
como tampoco sus dolores.
Mucho menos es mi corazón
agreste y foráneo
a las cuestiones de Eros,
antes bien, es como fértil tierra cultivada
siempre pronta a la siembra
y a la cosecha sin tardanza;
pues cuan grata es la sorpresa
y la bienvenida a quien no esperaba,
de una dama con sus trenzas
que hace mucho en esta tierra
yacía sembrada,
y con el tacto de la lluvia
como un beso en la mejilla,
broto con raíces al subsuelo
y con su dosel tejió alta bóveda,
con las hojas de más bella fragancia
y savia con textura de miel
que petrificada en su iris
formó de ámbar las dos pupilas;
una flor, un arbusto, un árbol
que a si misma se regó
y dio por fin al campo fértil
los productos de la huerta.
Pero tanto tiempo has sido un yermo
que creías ser tu tierra
un lodazal insano
y arenal de amplia carestía,
que temes no ser verdad tu árbol
y dudas de su existencia,
cuando tan palpable y tan tangible
el amor se posa en tu puerta,
pues, no olvidas las sequías
y causa de gran temor
es el imaginarte la pérdida del olivar
y el talle de sus ramas
de madera trenzada
y sus afluentes de néctar.
Sin embargo, si hecha esta ya la siembra
y puedes vislumbrar
pronta la recolecta,
son tus temores vanos
y amargas las sales
con que tus surcos abonas
y añejas la tierra;
tan solamente haz soltar tus nutrientes
y deja que bella agricultora
sea quien dé a tu árbol usufructo
y seáis ambos
los jardines de la viña
y los amantes de la siembra.