Alfredo Munoz
Poeta recién llegado
Cuando el rumor del viento, se mezcla
-como un murmullo de agazapados amantes-
por lo bajo y raso del valle;
todas las criaturas que lo habitan,
se detienen ensimismadas,
para escuchar el entrelazado y lírico suspiro
qué su caricia provoca
en las vívidas cuerdas que apasionado acaricia,
por su invisible camino.
Así, mi corazón,
paralizado por la vivida ternura de tu recuerdo,
deleitándose en el néctar de tu memoria,
se detiene para evadirse
-metamorfoseada mariposa-
y plegar sus alas en oración, fundida con tu esencia.
No te sorprendas pues, si lo divisas a lomos del viento,
por entre los juncos del río junto al que caminas.
Lo reconocerás, amada mía,
¡Por la radiante ternura con la que aspirara tu perfume!
Enredándose, sin prisas,
-plácido y juguetón-
Al enhebrarse con tu cabello.
-como un murmullo de agazapados amantes-
por lo bajo y raso del valle;
todas las criaturas que lo habitan,
se detienen ensimismadas,
para escuchar el entrelazado y lírico suspiro
qué su caricia provoca
en las vívidas cuerdas que apasionado acaricia,
por su invisible camino.
Así, mi corazón,
paralizado por la vivida ternura de tu recuerdo,
deleitándose en el néctar de tu memoria,
se detiene para evadirse
-metamorfoseada mariposa-
y plegar sus alas en oración, fundida con tu esencia.
No te sorprendas pues, si lo divisas a lomos del viento,
por entre los juncos del río junto al que caminas.
Lo reconocerás, amada mía,
¡Por la radiante ternura con la que aspirara tu perfume!
Enredándose, sin prisas,
-plácido y juguetón-
Al enhebrarse con tu cabello.
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