El canto de la niebla.

James De la rosa

Juan Carlos Tuñon
Reverdecen las pasiones
juventudes perdidas y piadosas ,
cuanta verdad contiene tímida la mancha
que almizcla la luz que retuerce las sombras...
No hay canto ni misión que no marchiten ,
cuanto perdón impregnaron las voces impías
del atardecer , olvidó la vida el alba de la suplica
y ahogada la lirica , el arpa de la muerte toca por fin
la música perpetua /callada/ de los muertos ,
llanto y silencio se aúnan conservando tímidamente
la melodía imperturbable de la desesperación.
Callar y escuchar sin esfuerzo el coro inagotable
de una destrucción desapasionada de la naturaleza
que ahora mitigada por el esfuerzo inasumible
de la respiración agotada y perdida en la niebla insaciable
tienta de la profundidad de la tierra para escapar
y humedecer como ojos sinuosos un vaho húmedo que acelera la desdicha...
 
Última edición:
Reverdecen las pasiones
juventudes perdidas y piadosas ,
cuanta verdad contiene tímida la mancha
que almizcla la luz que retuerce las sombras...
No hay canto ni misión que no marchiten ,
cuanto perdón impregnaron las voces impías
del atardecer , olvidó la vida el alba de la suplica
y ahogada la lirica , el arpa de la muerte toca por fin
la música perpetua /callada/ de los muertos ,
llanto y silencio se aúnan conservando tímidamente
la melodía imperturbable de la desesperación.
Callar y escuchar sin esfuerzo el coro inagotable
de una destrucción desapasionada de la naturaleza
que ahora mitigada por el esfuerzo inasumible
de la respiración agotada y perdida en la niebla insaciable
tienta de la profundidad de la tierra para escapar
y humedecer como ojos sinuosos un vaho húmedo que acelera la desdicha...
Profundo y bello surrealismo, me ha gustado amigo James. Un abrazo. Paco.
 
Reverdecen las pasiones
juventudes perdidas y piadosas ,
cuanta verdad contiene tímida la mancha
que almizcla la luz que retuerce las sombras...
No hay canto ni misión que no marchiten ,
cuanto perdón impregnaron las voces impías
del atardecer , olvidó la vida el alba de la suplica
y ahogada la lirica , el arpa de la muerte toca por fin
la música perpetua /callada/ de los muertos ,
llanto y silencio se aúnan conservando tímidamente
la melodía imperturbable de la desesperación.
Callar y escuchar sin esfuerzo el coro inagotable
de una destrucción desapasionada de la naturaleza
que ahora mitigada por el esfuerzo inasumible
de la respiración agotada y perdida en la niebla insaciable
tienta de la profundidad de la tierra para escapar
y humedecer como ojos sinuosos un vaho húmedo que acelera la desdicha...
Callar y escuchar cuando el esfuerzo de los sentidos
llega a la desesperanza, queda asi toda esa reverderacion
de sentimientos no cumplidos. excelente. saludos amables
de luzyabsenta
 

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