Piedad Acosta Ruiz
Poeta recién llegado
Apenas el Coronel no tuvo
quien le escribiera,
quien se acordara
que le hacía falta su pago,
murió esperando en su exilio,
como la noticia olvidada
de un secuestro,
lo que en vida se ganó
con su trabajo honesto.
Sin esperanza y consuelo,
La bella Remedios elevó
su cuerpo y alma a los cielos.
Pasaron cosechas,
primaveras, viacrucis
launas nuevas,
sin que el Coronel
y su carísimo hermano
vieran de la añorada pensión
un centavo, un peso,
un franco, menos un euro,
ni siquiera del cielo que les vio nacer,
menos, de los ricos pueblos
que con pies
cansados y presurosos
se les vio recorrer.
La magia nobel,
la tragicomedia se hacia realismo;
era una muerte anunciada
que todos callaban.
Úrsula Iguarán,
Santiago Nasar,
los saetazos de Aureliano Buendía,
hicieron sus promesas cumplidas.
No muy distante
de la marcha de su Capitán,
partió de tristeza,
el Márquez de Macondo,
llenando nuestros corazones
con su ausencia,
dejándonos sumidos en
"Cien años de soledad".
quien le escribiera,
quien se acordara
que le hacía falta su pago,
murió esperando en su exilio,
como la noticia olvidada
de un secuestro,
lo que en vida se ganó
con su trabajo honesto.
Sin esperanza y consuelo,
La bella Remedios elevó
su cuerpo y alma a los cielos.
Pasaron cosechas,
primaveras, viacrucis
launas nuevas,
sin que el Coronel
y su carísimo hermano
vieran de la añorada pensión
un centavo, un peso,
un franco, menos un euro,
ni siquiera del cielo que les vio nacer,
menos, de los ricos pueblos
que con pies
cansados y presurosos
se les vio recorrer.
La magia nobel,
la tragicomedia se hacia realismo;
era una muerte anunciada
que todos callaban.
Úrsula Iguarán,
Santiago Nasar,
los saetazos de Aureliano Buendía,
hicieron sus promesas cumplidas.
No muy distante
de la marcha de su Capitán,
partió de tristeza,
el Márquez de Macondo,
llenando nuestros corazones
con su ausencia,
dejándonos sumidos en
"Cien años de soledad".