El cartero

prisionero inocente

Poeta que considera el portal su segunda casa
El cartero
toca a las puertas del vecindario
a las primeras horas de la mañana,
tiene una herida en la cara, un furúnculo que escuece
y ya no cura a través de los años,
baja de su bicicleta, el espacio vomita su presencia
a la misma hora,
el cartero huele a vómito de ángel
trae mensajes desde lejos
y las viudas lo quieren, salen con pan recién horneado
el cartero piensa esa es la entrada del edén
cuando ellas salen con el pan recién horneado
sudorosas, sus mejillas se atreven a parecerse a las manzanas de sangre
que dibuja un niño ciego en la clase de dibujo especial
el lienzo ajustado para los niños ciegos, el lienzo abrasivo hecho de la piel
de algún animal que no se encuentra en la categoría de los que tienen aura de extinción
pero a veces le roban la bicicleta
las viudas entonces desaparecen,
en su tímpano retumba la risa del niño invidente
y nervioso se aprieta el furúnculo, piensa en jubilarse
nunca lo he visto pero me han dicho de su furúnculo inmenso
y que ya no trae cartas
no ha vuelto a usar la bicicleta
pero participa a reuniones de caridad
sube por los tejados de los chalets de las viudas
a limpiar la chimenea
lo hace libremente, su causa es noble
vive en un pueblo fronterizo,
los pueblos fronterizos tienen más viudas que los demás.
 
Última edición:
El poema está plagado de símbolos: el forúnculo (esa herida profunda que no cicatriza), las viudas, el niño ciego, el propio cartero (el protagonista, el hombre enfrentado a sus circunstancias, superviviente a sus pérdidas, readaptándose al mundo)...
Siempre es un descubrimiento tu poesía, querido amigo. Abrazos.
 
El cartero
toca a las puertas del vecindario
a las primeras horas de la mañana,
tiene una herida en la cara, un furúnculo que escuece
y ya no cura a través de los años,
baja de su bicicleta, el espacio vomita su presencia
a la misma hora,
el cartero huele a vómito de ángel
trae mensajes desde lejos
y las viudas lo quieren, salen con pan recién horneado
el cartero piensa esa es la entrada del edén
cuando ellas salen con el pan recién horneado
sudorosas, sus mejillas se atreven a parecerse a las manzanas de sangre
que dibuja un niño ciego en la clase de dibujo especial
el lienzo ajustado para los niños ciegos, el lienzo abrasivo hecho de la piel
de algún animal que no se encuentra en la categoría de los que tienen aura de extinción
pero a veces le roban la bicicleta
las viudas entonces desaparecen,
en su tímpano retumba la risa del niño invidente
y nervioso se aprieta el furúnculo, piensa en jubilarse
nunca lo he visto pero me han dicho de su furúnculo inmenso
y que ya no trae cartas
no ha vuelto a usar la bicicleta
pero participa a reuniones de caridad
sube por los tejados de los chalets de las viudas
a limpiar la chimenea
lo hace libremente, su causa es noble
vive en un pueblo fronterizo,
los pueblos fronterizos tienen más viudas que los demás.

Cuánto dejas a la interpretación querido Marius, hay una tremenda riqueza en cada una de esas imágenes que describes, una constante evocación de símbolos. Enorme tu poema, una delicia descubrirlo.

Abrazos

Palmira
 

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