silveriddragon
Poeta adicto al portal
Y así los hombres retaron a Dios intentando escapar de las leyes de la naturaleza.
Lo lograron, pero en el camino dejaron de ser hombres.
Del libro de los primordiales
I
Hace mucho tiempo existió un santuario improvisado junto a un lago donde la gente iba a dar gracias a Dios por todo lo que les había dado. Era tradición para la gente llevar a sus hijos cuando se volvían adolescentes para que dieran las gracias por la vida y por sus padres.
Las mujeres embarazadas iban en cuanto se enteraban de su condición para dar gracias por la vida nueva que se iba gestando.
Los hombres cuando conseguían su primer trabajo no solo daban gracias, también llevaban consigo un tesoro familiar que debían dejar ahí. El tesoro no tenía que ser dinero o joyas. Con que significara algo para la familia era suficiente.
No había edificios, ni tampoco altares, pinturas o esculturas. Era un lugar que consideraban sagrado desde mucho tiempo atrás cuando sus ancestros llegaron a esas tierras.
Todo era paz y armonía en esa región por que la gente más allá de no olvidar a Dios, no se olvidaban de agradecer, de sentirse colmados de bendiciones.
Pero, como en todo lugar de paz, llega también la codicia.
Los hombres del norte hicieron la guerra y conquistaron ese lugar.
Un general lleno de ambición simplemente proclamó ser dueño de ese lugar.
En cuanto piso esa tierra y puso el estandarte de su ejército sobre el campo ocurrió un hecho insólito, el sol se ocultó. Luego un terremoto La tierra se abrió y de ella surgió un castillo. Entonces una voz habló fuerte y clara desde los cielos - Vendrá el tiempo en el que alguien pueda entrar al castillo. Solo entonces esta tierra volverá a ser lo que era.
La tierra alrededor del castillo se volvió yerma, El viento soplaba frío ahora y el lago se secó.
El general enfureció y maldijo, lo cual le trajo un castigo terrible. Su cuerpo se tornó rojo y sus ojos completamente negros.
La voz finalizó - Solo uno, podrá recuperar esta tierra. El que pase una noche en el castillo del juicio de Dios. A cambio le concederé el más profundo deseo de su corazón.
Lo lograron, pero en el camino dejaron de ser hombres.
Del libro de los primordiales
I
Hace mucho tiempo existió un santuario improvisado junto a un lago donde la gente iba a dar gracias a Dios por todo lo que les había dado. Era tradición para la gente llevar a sus hijos cuando se volvían adolescentes para que dieran las gracias por la vida y por sus padres.
Las mujeres embarazadas iban en cuanto se enteraban de su condición para dar gracias por la vida nueva que se iba gestando.
Los hombres cuando conseguían su primer trabajo no solo daban gracias, también llevaban consigo un tesoro familiar que debían dejar ahí. El tesoro no tenía que ser dinero o joyas. Con que significara algo para la familia era suficiente.
No había edificios, ni tampoco altares, pinturas o esculturas. Era un lugar que consideraban sagrado desde mucho tiempo atrás cuando sus ancestros llegaron a esas tierras.
Todo era paz y armonía en esa región por que la gente más allá de no olvidar a Dios, no se olvidaban de agradecer, de sentirse colmados de bendiciones.
Pero, como en todo lugar de paz, llega también la codicia.
Los hombres del norte hicieron la guerra y conquistaron ese lugar.
Un general lleno de ambición simplemente proclamó ser dueño de ese lugar.
En cuanto piso esa tierra y puso el estandarte de su ejército sobre el campo ocurrió un hecho insólito, el sol se ocultó. Luego un terremoto La tierra se abrió y de ella surgió un castillo. Entonces una voz habló fuerte y clara desde los cielos - Vendrá el tiempo en el que alguien pueda entrar al castillo. Solo entonces esta tierra volverá a ser lo que era.
La tierra alrededor del castillo se volvió yerma, El viento soplaba frío ahora y el lago se secó.
El general enfureció y maldijo, lo cual le trajo un castigo terrible. Su cuerpo se tornó rojo y sus ojos completamente negros.
La voz finalizó - Solo uno, podrá recuperar esta tierra. El que pase una noche en el castillo del juicio de Dios. A cambio le concederé el más profundo deseo de su corazón.
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