Emilio Pittet V.
Poeta recién llegado
El polvo rodea el recuerdo de maderas vivas,
las que fueron decayendo con los días,
con los tiempos de altos grados de agonía;
nunca pensamos que la cama moriría.
Conocimos amigos, mujeres y familia;
ensuciamos sus deseos de abrigarnos,
la perpetuidad en los sueños personales recogidos;
y nacieron los celos, ante las nuevas corporalidades entumecidas.
Mientras reposábamos con cuidado nuestros vientres hinchados,
nos dirigimos a clavar sus brazos rotos de madera;
los amarramos para que continuara con su vida,
y aunque no logramos hacerlo resucitar,
aún se mantenía en dos pares de piernas fuertes .
Lo volvimos ha armar - modificandolo - para su eterna resistencia:
con tornillos, clavos y martillos artesanales, del día tras día;
con maderas, (cuerpos), de antecesores del emblema del ensueño.
Te agradezco gran soldado de las redes y luchas del movimiento de madrugada,
ya que has cumplido con el mantenimiento de mi cuerpo de noventa kilos,
y no te quejas, ni por un segundo lo has pensado, nada has reclamado...
porque eres el mantenedor de mis ilusiones congeladas.
las que fueron decayendo con los días,
con los tiempos de altos grados de agonía;
nunca pensamos que la cama moriría.
Conocimos amigos, mujeres y familia;
ensuciamos sus deseos de abrigarnos,
la perpetuidad en los sueños personales recogidos;
y nacieron los celos, ante las nuevas corporalidades entumecidas.
Mientras reposábamos con cuidado nuestros vientres hinchados,
nos dirigimos a clavar sus brazos rotos de madera;
los amarramos para que continuara con su vida,
y aunque no logramos hacerlo resucitar,
aún se mantenía en dos pares de piernas fuertes .
Lo volvimos ha armar - modificandolo - para su eterna resistencia:
con tornillos, clavos y martillos artesanales, del día tras día;
con maderas, (cuerpos), de antecesores del emblema del ensueño.
Te agradezco gran soldado de las redes y luchas del movimiento de madrugada,
ya que has cumplido con el mantenimiento de mi cuerpo de noventa kilos,
y no te quejas, ni por un segundo lo has pensado, nada has reclamado...
porque eres el mantenedor de mis ilusiones congeladas.