Flor de agosto
Poeta que considera el portal su segunda casa
En mi mente quedan las estatuas de nuestros cuerpos
figuras o monumentos paralizados en el tiempo
en el cementerio de mis solitarios pensamientos
eterno lugar que guarda celoso los recuerdos
Época cuando solo importaba el amor
la pasión, la emoción, la ternura, no había dolor
época cuando tu mirada cruzó mi mirada y
dejó nuestras tiernas almas enamoradas.
Hoy el aire es pesado en la oscura necrópolis adormecida
de almas rotas sepultadas bajo el suelo del silencio,
y nuestras efigies erguidas como guardias de guarida
se miran eternamente sin dilatar las pupilas
La presencia de tu hermosa figura, aunque inerte
da principio a unas eléctricas corrientes cerebrales
que evocan vibraciones en mi silueta silente,
como esperando que el pasado nos despierte
Y que la noche eterna que arropa el cementerio,
de luz a un día de sol resplandeciente
y devuelva el calor y la vida al camposanto de mi mente
y que las estatuas atontadas se levanten de repente.
Pero espero en vano en el oscuro osario,
porque no hay señal de vida en las tumbas erigidas
y lloro al entender que ese amor que creí eterno
ha muerto y me has dejado una estatua en lugar de tu cuerpo.
Aquí en la oscuridad y sin vida me refugio en tu recuerdo
atónita, inmóvil, e incrédula de tu silencio, lo uso de manto
y arropo el frió intenso del mármol esculpido de mi efigie
que con tus propias manos tallaste antes de irte.
figuras o monumentos paralizados en el tiempo
en el cementerio de mis solitarios pensamientos
eterno lugar que guarda celoso los recuerdos
Época cuando solo importaba el amor
la pasión, la emoción, la ternura, no había dolor
época cuando tu mirada cruzó mi mirada y
dejó nuestras tiernas almas enamoradas.
Hoy el aire es pesado en la oscura necrópolis adormecida
de almas rotas sepultadas bajo el suelo del silencio,
y nuestras efigies erguidas como guardias de guarida
se miran eternamente sin dilatar las pupilas
La presencia de tu hermosa figura, aunque inerte
da principio a unas eléctricas corrientes cerebrales
que evocan vibraciones en mi silueta silente,
como esperando que el pasado nos despierte
Y que la noche eterna que arropa el cementerio,
de luz a un día de sol resplandeciente
y devuelva el calor y la vida al camposanto de mi mente
y que las estatuas atontadas se levanten de repente.
Pero espero en vano en el oscuro osario,
porque no hay señal de vida en las tumbas erigidas
y lloro al entender que ese amor que creí eterno
ha muerto y me has dejado una estatua en lugar de tu cuerpo.
Aquí en la oscuridad y sin vida me refugio en tu recuerdo
atónita, inmóvil, e incrédula de tu silencio, lo uso de manto
y arropo el frió intenso del mármol esculpido de mi efigie
que con tus propias manos tallaste antes de irte.
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