Ana María Giordano
Poeta que no puede vivir sin el portal

El cielo que no me olvida...
(Décimas espinelas)
Soledad no me entristece
porque me vela la luna
en cada noche moruna
mientras con brisa me mece.
Cuando la calma aparece
y llega el alba dormida
es porque siento la vida
latiendo aunque esté muy sola.
Me acompaña la farola
del cielo que no me olvida.
Del cielo que no me olvida
llega melodía suave
como el gorjeo del ave
con dulzura concedida.
Y con el alma teñida
por el hechizo del gozo
rescato de mi sollozo
la emoción de la sonata.
¡Son los violines de plata
que me envuelven con rebozo!
Ana María Di Bert Giordano
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