Évano
Libre, sin dioses.
Todos los niños del fondo están de rodillas.
Miro el silencio de sus blancos ojos,
sus ligeros corazones de montaña cayendo
con sus huesos de ríos temblorosos.
Caen con la prisa de una cáscara
que salta de la hoguera
y dibujan colores indefensos en el aire
ante la tormenta desnuda de manos
avanzando como espantapájaros de estiércol.
Todos los niños del fondo son cuerpos
abiertos por el tañido del bronce.
Todos los niños del fondo son luciérnagas
de luces diminutas, son ríos de plumas
rebosando entre la sangre olvidada,
son sueños de cuchillos afilados en el alba,
gargantas tragando lágrimas tangibles.
El cielo, y los brazos cruzados, lo saben.
Miro el silencio de sus blancos ojos,
sus ligeros corazones de montaña cayendo
con sus huesos de ríos temblorosos.
Caen con la prisa de una cáscara
que salta de la hoguera
y dibujan colores indefensos en el aire
ante la tormenta desnuda de manos
avanzando como espantapájaros de estiércol.
Todos los niños del fondo son cuerpos
abiertos por el tañido del bronce.
Todos los niños del fondo son luciérnagas
de luces diminutas, son ríos de plumas
rebosando entre la sangre olvidada,
son sueños de cuchillos afilados en el alba,
gargantas tragando lágrimas tangibles.
El cielo, y los brazos cruzados, lo saben.
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