EL CINE DE MI INFANCIA
Cataba, con mi esposa,
el chato de Ribera del domingo.
La calle bulliciosa,
y algún señoritingo,
recorro con la vista y no distingo
el cine de mi infancia.
¿Adónde se han llevado mis vivencias?
Penosa circunstancia
sufrir las consecuencias
de un mundo condenado a las tendencias
que dictan el dinero,
la insidia de los centros comerciales,
el ávido banquero,
los vicios inmorales
que atentan contra ritos ancestrales.
Los niños ya no juegan,
sentados en los bancos de la plaza
absortos se aborregan:
Intentan darle caza
al monstruo que en el "móvil" se desplaza.
El barrio está sin cine,
los juegos ya no gritan su alegría,
no hay nada que ilumine
la cara tan sombría
de niños que han perdido fantasía.
--..--