Chorrea la sangre impura de un viejo clérigo de su boca fétida y desdentada,mientras calumnia al Todopoderoso con la impudicia de una sotana rasgada que deja ver sus vergonzosas partes,carcomidas ya por el mortal cáncer que el propalado Satanás infectó en su cuerpo malsano de enfermo eclesial.Entonces,una atronadora tempestad de azufre cae sobre la cabellera tonsurada de nuestro ambiguo redentor varón,malsano en costumbres sexuales que le hicieron reventar el frenillo de su pene gangrenado y a punto de caérsele a trozos al suelo terrestre;el cual ríe salvaje por la desventura de tal malsano cristiano que ahora,nervioso y entre convulsiones,clama al cielo negro de la maldición en ciernes,por una cura que no llegará nunca.Entre vaporosas lágrimas de cuarzo reventado,se hincha como una bola de papel y explota para no renacer nunca más.